sábado, 4 de enero de 2014

Compulsion, fotografia y trama en Alex Prager




Si la fotografía contemporánea tiende a recrearse en la trama de una película imaginaria, hemos de considerar también que la imagen por sí misma solo adquiere explicación en una narración. En otra entrada ya se habló de ese componente cinematográfico de la fotografía, no tanto vertido en una secuencia como en las suposiciones y ficciones que pueden inspirar una imagen concreta en el espectador. Digo espectador con intención, porque el consumo de imágenes se ha desplazado de la simple contemplación a la recreación narrativa. El hecho requiere un esfuerzo añadido, de igual forma que la elipsis en el cine, ese vacío gramatical que hace progresar el relato, ha de ser interpretada por el auditorio. Alex Prager hace funcionar ese desplazamiento en una serie de 2012 titulada Compulsión, y lo estira bajo el orden de figuras retóricas y visuales que estimulan la acción y la afección.

En Compulsion, Prager recurre de nuevo a algunos elementos presentes en series fotográficas anteriores como Polyester (2007), The Big Valley (2008) y Week-end (2010), pero acentúa la visión dramática y se desvincula de las referencias implícitas a la moda en un intento por activar una subjetividad aún más trágica. Aviones, pájaros y coches sirven como hilo conductor, pero es el observador quien ha de hacer el cálculo. La pregunta se cierne sobre el agente figurativo que desencadena la acción, aun cuando el destello de su horizonte expresivo puede rastrearse a partir del influjo de otros fotógrafos y cineastas, desde Weegee, Cindy Sherman o Enrique Metinides, pasando por Alfred Hitchcock (Vértigo, Los pájaros), David Lynch (Blue Velvet, Mulholland Drive) y Luis Buñuel (Un perro andaluz). De este modo, Prager se adscribe a otra vertiente de la fotografía contemporánea: el desbordamiento de la realidad y la ficción en un juego sin límites precisos en el que todo depende del ojo del espectador.


 
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