viernes, 29 de junio de 2012

significado abreviado de las portadas en «La luna de Madrid»



La riqueza visual de La luna de Madrid, a pesar de estar editada a dos tintas a excepción de las aportaciones en color de sus portadas, es también la descripción de una época a través de la iconografía. La sensación más o menos exacta de que la imagen (sus formas visuales) que aglutina la revista se corresponde con los elementos iconográficos propios del contexto de la movida madrileña está en la base de lo que hemos llamado factor de visibilidad, es decir, el reconocimiento del mismo por parte de un auditorio que a través de tales elementos, figuras-emblema y prácticas culturales específicas, puede objetivarlo, sintetizar su variedad de propuestas y delimitar el marco social en que se dan los sucesos.

Si pensamos que en los años 80 el diseño (en su concepción global) fue adquiriendo cada vez más enjundia como práctica cultural y social, y el cómic, como lenguaje que formalizaba un vínculo entre lo plástico y la expresión de la nueva generación, vivía su periodo de auge editorial, no es de extrañar que la revista hiciera acopio de lo visual introduciendo tanto diseño gráfico, ilustración, cómic, pintura, fotografía o diseño de moda, en un intento, además, de describir otra tendencia de época (en el contexto) consistente en hacer que todas esas disciplinas interactuasen entre sí.



Las propias portadas de la revista son un buen ejemplo de lo que venimos diciendo, donde se crea una superficie simbólica y visual que amalgama el significado del diseño en la sociedad contemporánea. No se trata sólo de que en ellas se sondeara la novedad o lo moderno, sino que en su contabilización total las portadas registran la iconografía del contexto de la movida madrileña y su manifestación a través de la ilustración o la fotografía, por medio de la moda o el diseño gráfico. Ya comentamos, atendiendo a la portada del número 1 (fotografía de Ouka Lele) que ésta establecía además una relación simbólica con la propia política editorial de la revista: una ventana nueva que se abría a la cultura desde el desenfado y el hedonismo, distanciándose de los cenáculos intelectuales ortodoxos y proporcionando una mirada nueva sobre los hechos culturales.

Muchas de esas portadas no explican el contenido específico de cada número ni se refieren a artículos o entrevistas dispuestas en su interior, sino que mantienen la expresión general de la revista, el tono, su capacidad de asimilar diferentes formas artísticas y visuales, propio a la vez del entorno de la movida. En ese sentido, existe una diferencia cualitativa respecto a aquellas revistas que en la portada ya adelantan lo que el lector puede encontrar en sus páginas. La Luna de Madrid potencia lo gráfico y lo dota de un valor en sí mismo, como si esas portadas fueran al mismo tiempo un canal de difusión artística, un medio de difundir lo que ya se estaba produciendo en el contexto. Así, algunas portadas connotan una preferencia por una determinada línea gráfica. La revista organiza su material visual, por tanto, atendiendo primero a la portada como un signo de identidad estético.

 
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