sábado, 14 de julio de 2012

los deseantes



Jennifer Hudson / Balint Zsako

Los deseantes intervienen a veces por mediación de la maquinaria que han integrado a su sistema biológico y mental para desembozar la producción de signos revolucionarios y darles salida, su sentido final, en el espacio social, o, lo que es lo mismo, un sistema de producción del deseo que contradice las pautas del sistema instaurado por un Estado veladamente represor. Toda maquinaria deseante exige la afinación de los sentidos hacia el intervalo mismo en que el inconsciente aflora como un resorte de rebelión.

El Estado, maquinaria-otra que ostenta la legitimidad de la violencia (social, económica, antropológica, etc) para reprimir una semiótica de la liberación, hará todo lo posible para entaponar los vasos comunicantes que canalizan el flujo del deseo, del inconsciente a la parte social, de lo individual a lo colectivo, de lo colectivo a la interiorización de una nueva forma societaria basada en el deseo y las expectativas comunes.

Las máquinas deseantes y, por tanto, la figura social del deseante, representa la respuesta a las utopías ofrecidas como paradigma de la felicidad impuestas por el Estado como antídoto contra la libertad, la respuesta todavía no cumplida por un sistema de valoración de aquellos signos que han de irrumpir como piezas de un proceso global que extraiga la savia de una nueva sociedad.



Eugenio Ruenco / Ruben Gómez Radioboy

Ese paradigma estatal de la felicidad ha sido expuesto tradicionalmente, hasta hoy día, como un discurso polivalente que expropia del sujeto su autonomía originaria para injetar en su ADN el miedo y la frustación, el sometimiento a las pautas discursivas del poder financiero, mediático y político. Su mecánica se define por un efecto igual de perverso: el sujeto (ciudadano, transeúnte, habitante) terminará por defender, legitimar y difundir ese sistema de manera inconsciente. El sujeto se convierte así, para sí mismo, en un aparato de reproducción estatal. El Estado lo recompensará con las migajas de una creencia aún más totalitaria: el sujeto sólo se hace visible y trascendente en la sociedad de consumo. Ese paradigma oferta otras leyes, donde el respeto depende de la jerarquía socio-monetaria, la construcción de la desigualdad y la organización del mundo de la vida a través de la tasación de los bienes en propiedad de cada individuo.

En ese contexto, el miedo es correlativo a la inoperancia y la desidia. El propio potencial psicológico y mental del sujeto queda desactivado por el Estado, de tal manera que cualquier acto contrario a las máximas implantadas por ese paradigma es reinterpretado (y sancionado) mediáticamente como una forma de subversión. El miedo opera como estrategia de inclusión.



Robert & Shana ParkeHarrison / Valero Doval

Los deseantes, conectados a la corriente de una vanguardia todavía incompleta pero desafiante, infringen la ley de ese paradigma para bucear en los intersticios del ser y establecer otras formas constructivas de liberación. Liberación significa aquí el esquema básico de producción deseante que ha de devolver al individuo los recursos hacia una felicidad (respeto, autonomía, valor) no mediada por el Estado y los modos de vida reglados por el sistema financiero, aquellos que están intentando (por medio de la especulación salvaje y la consolidación de una nueva ficción monetaria basada en la codicia desmedida) someter al ciudadano a una esclavitud solapada, apenas perceptible en tanto que se erige como sostén de las democracias occidentales actuales.

Los deseantes y su maquinaria de producción afinan el paso hacia una democracia real que rehuye la mendicidad moral y aboga por la eclosión individual y colectiva de una felicidad autónoma.




Federico Hurtado / Andre Patterson / Superstudio

 
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