domingo, 16 de septiembre de 2012

Aplicación del community management al estudio de tendencias

El consumidor se mueve con celeridad en un ecosistema tan cambiante como Internet. Ya no existe una escisión patente entre lo que el usuario aprende, integra y hace en el mundo online y las formas de aplicarlo a la realidad física.

El creciente interés de las empresas por introducir en sus estrategias de comunicación y marketing la dinámica interactiva de los Medios Sociales viene determinado por la capacidad de decisión e influencia que han ido adquiriendo consumidores, clientes, fans y usuarios online en todos aquellos aspectos que intervienen en la configuración del mercado. Un hecho revolucionario que está cambiando los patrones de conducta ante el consumo y la manera de abordar la comunicación de marca.



El consumidor se mueve con celeridad en un ecosistema tan cambiante como Internet. Ya no existe una escisión patente entre lo que el usuario aprende, integra y hace en el mundo online y las formas de aplicarlo a la realidad física. Las empresas pueden permanecer al margen de ese movimiento, pero su resultado será una inevitable liquidación de la conexión comunicativa con su entorno de referencia y su proyección potencial. Muy al contrario, su afiliciación al universo de los Medios Sociales puede reportar beneficios en direcciones bien distintas. 1) Nuevos aportes y atributos a la imagen de marca. 2) Repercusión, visibilidad y viralidad. 3) Oportunidades de innovación. 4) Anticipación a posibles crisis. 5) Mejora de la competitividad en productos o servicios. 6) Fidelización.

Si el Community Managament es el área de conocimiento que gestiona los medios sociales dirigidos a la comunicación y marketing de la empresa, su aplicación al proceso de investigación no es ajena al propio estudio de tendencias, convirtiéndose así en una potente herramienta metodológica que incide sobre aspectos que pueden pasar inadvertidos.

Se trata de integrar en el proceso de investigación los focos de conversación y de influencia de la marca producidos de manera externa, ya sea a través de plataformas online creadas desde la propia empresa u otro tipo de soportes administrados por los usuarios. El consumidor no es un un agente pasivo. Reacciona tanto a los estímulos de la marca como al diálogo generado en torno a un producto. Sin embargo, los productos (en ese contexto conversacional) adquieren un valor si cabe más significativo cuando pueden traducirse a una expresión emocional de los estilos de vida, es decir, al marco de las expectativas y los indicios latentes de consumo.

 
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