viernes, 29 de noviembre de 2013

El pantalon femenino en cifras 1953-1984, o la evolución de una conquista a partir de la segunda mitad del siglo XX


Momentos previos a la generalización del pantalón femenino.

Fragmento del libro de Christine Bard, Historia política del pantalón, Tusquets, 2012, pp. 286-289

A pesar del fracaso en la anulación de la ordenanza de 1800, el pantalón progresa inexorablemente. La moda le da sus cartas de nobleza. La moda profesional acepta más facilmente a las mujeres en pantalón, aunque la falda siga siendo de rigor en los servicios, sobre todo si existe contacto con el público.

[...] En la encuesta del INSEE (Instituto Nacional de Estadística y de Estudios Económicos) sobre los gastos en prendas de vestir de los franceses en 1953, el pantalón todavía no se incluye. Se adivina bajo la etiqueta "prenda de deporte", que concierne sobre todo a los niños, las mujeres menores de cuarenta años, las mujeres que viven en la ciudad y las categorías sociales dotadas de ingresos elevados. Diez años más tarde, un nuevo estudio sobre el consumo de prendas de vestir muestra que las mujeres (mayores de catorce años) incluidas en la encuesta compran tres millones de trajes sastre, catorce millones de vestidos y conjuntos, diez millones de faldas y solamente 2,7 millones de pantalones y shorts. Pero las más jóvenes se visten con prendas cerradas: las niñas menores de catorce años llegan a 6,9 millones de pantalones y shorts.

Este tipo de encuesta conduce a relativizar las impresiones dadas por la prensa de moda, puesto que tiene en cuenta toda la gama de medios sociales y de edades. El uso del pantalón se correlaciona mucho con la generación. En 1963-1964 se compran más pantalones que faldas a las niñas menores de cinco años, pero la relación falda-pantalón se invierte después en beneficio de la falda, cuyo éxito crece con la edad. Ya no se compran vaqueros despúes de los treinta años, shorts después de los cincuenta años y pantalones después de los sesenta años, o al menos las cifras son insignificantes.


Momentos previos a la generalización del pantalón femenino.

Una encuesta sobre los gastos en prendas de vestir de los franceses en 1971-1972 permite un examen mucho más detallado según el tipo de prenda. Según la información recogida, las mujeres habrían comprado diecisiete millones de prendas cerradas y casi cuarente y ocho millones de prendas abiertas. Los hombres se acercarían a los treinta y cinco millones de pantalones de todo tipo. Los avances del pantalón femenino son muy claros.

Una encuesta de 1979 permite valorar el peso respectivo de los diferentes tipos de prendas en los gastos de ropa de los franceses. El pantalón representa en este momento el 17,8% del presupuesto masculino en ropa, mientas que sólo representa el 7,1% del presupuesto femenino, que se añade a los vestidos (18,7%) y las faldas (5%). La prenda deportiva constituye el 1,7% del presupuesto de las mujeres y el 5,9% del de los hombres.

En 1984, el pantalón se confirma en su estatuto de prenda más vendida. De 1.000 prendas de vestir compradas en 1984, 64 son pantalones (de ellos 41 vaqueros), 22 son artículos deportivos y 43 prendas abiertas femeninas (4 trajes sastre, 26 vestidos, 13 faldas). Cabe observar la importancia del vestido con respecto a la falda, una constante en estas encuestas, que la lectura de los periódicos de moda no permite adivinar.

 
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