miércoles, 4 de diciembre de 2013

Subcultura




Fotografías. Miguel Trillo. Jennifer Greenburg. Karlheinz Weinberger. Karen Knorr & Olivier Richon. Derek Ridgers. Javier M. reguera. Antonio Alay.

Extracto del libro de Dick Hebdige, Subcultura. El significado del estilo, Paidós, 2004 pp. 106-110. Edición original de 1979.

El estudio de la subcultura en Gran Bretaña evolucionó a partir de una tradición de etnografía urbana cuyos inicios se remontan al siglo XIX: los trabajos de Henry Mayhew y Thomas Archer, y las novelas de Charles Dickens y Arthur Morrison. Sin embargo, hasta la década de 1920 no surgiría una aproximación más "científica" a la subcultura, con una metodología propia (la observación participante). Fue entonces cuando un grupo de sociólogos y criminólogos de Chicago empezó a recopilar datos sobre bandas callejeras de jóvenes y grupos marginales. En 1927, Frederick Thrasher presentó un informe sobre unas mil bandas callejeras, y psoteriormente William Foote Whyte describió extensamente en "Street Corner Society" los rituales, rutinas y ocasionales hazañas de una banda.

La observación participante sigue siendo la fuente de algunas de las más interesantes y sugestivas descripciones de la subcultura, pero el método también arrastra una significativa serie de lacras. En concreto, la ausencia de esquemas de trabajo analíticos o explicativos siempre ha dotado a esta clase de trabajos de un estatus marginal dentro de la tradición mayoritariamente positivista de la sociología dominante. Y, más crucial aún, esa ausencia es la responsable de que, aunque proporcione gran riqueza de detalles descriptivos, los informes basados en la observación participante obvien, o cuando menos subestimen, el significado de las relaciones de clase y de poder. En estos trabajos la subcultura tiende a aparecer como un organismo independiente cuyo funcionamiento es ajeno a los contextos sociales, políticos y económicos más amplios. A resultas de ello, la descripción de la subcultura suele quedar incompleta. Por chandleriana que fuera su prosa, por veraces y meticulosos que fueran los detalles proporcionados por la observación participante, pronto se puso de manifiesto que el método necesitaba el apoyo de otros procedimientos analíticos.

Durante los años cincuenta, Albert Cohen y Walter Miller trataron de suplir la inexistente perspectiva teórica rastreando continuidades y rupturas entre los sistemas de valores dominantes y subordinados. Cohen puso el énfasis en la función compensatoria de la banda juvenil: los adolescentes de clase trabajadora que no rendían lo suficiente en la escuela se unían a las bandas en sus horas libres para desarrollar fuentes alternativas de autoestima. En la banda, los principales valores del mundo normal (contención, ambición, conformismo, etc) eran reemplazados por sus opuestos: el hedonismo, el desafío a la autoridad y la búsqueda de placer. Tambien Miller se centró en el sistema de valores de la banda juvenil, pero en este caso subrayando las semejanzas entre las culturas de la banda y la de los padres, sosteniendo que muchos de los valores del grupo marginal se limitaban a reiterar de forma distorsionada o aumentada las grandes inquietudes de la población de cñase trabajadora adulta. En 1961, Matza y Sykes emplearon la noción de valores subterráneos para explicar la existencia de culturas juveniles tanto legítimas como delictivas. Al igual que Miller, estos autores reconocieron que los objetivos y las metas potencialmente subversivos estaban presentes en sistemas por lo general juzgados como perfectamente respetables. Encontraron en la cultura juvenil los mismos valores subterráneos (búsqueda de riesgo, emoción) que servían para apuntalar, y no para socavar, el ethos diurno de la producción (postergación de la gratificación, rutina, etc)




Fotografías. Miguel Trillo. Derek Ridgers. Jim Jocoy. Salvador Costa. Chris Steele Perkins. Javier M. Reguera. Jim Jocoy. Jim Jocoy.

Tiempo después estas teorías serían puestas a prueba en trabajos de campo desarrollados en Gran Bretaña. En los sesenta, Peter Willmott publicó su investigación sobre el abanico de opciones culturales al alcance de los chicos de la clase trabajadora en el East End londinense. Lejos de las frívolas proclamas de autores como Mark Abrams, Willmott concluía que la idea de una cultura juvenil completamente ajena a la idea de clase era prematura y carecía de sentido. Observó, en cambio, que los estilos de ocio al alcance de los jóvenes se modulaban a través de las contradicciones y divisiones intrínsecas a una sociedad de clases.

Seguir leyendo Por su parte, Phil Cohen fue el encargado de explorar a fondo las modalidades en que las experiencias específicas de clase se codificaban en estilos de ocio que, después de todo, se habían originado mayormente en el East End londinense. Cohen también se interesó por los vínculos entre la cultura juvenil y la parental, e interpretó los distintos estilos juveniles como adaptaciones parciales de cambios que habían perturbado a la totalidad de la comunidad del East End. Definió la subcultura como "una solución de compromiso entre dos necesidades contradictorias: la necesidad de crear y expresar la autonomía y la diferencia respecto a los padres y la necesidad de mantener las identificaciones con los padres". En ese análisis, los estilos mod, ted y skinhead fueron interpretados como intentos de mediar entre experiencia y tradición, entre lo familiar y lo nuevo. Y, para Cohen, la función latente de la subcultura era la de "expresar y resolver, aunque sea mágicamente, las contradicciones que permanecen ocultas o sin resolver en la cultura parental".

Por fin una lectura tomaba en consideración todos los factores ideológicos, económicos y culturales que, en su interacción, influyen en la subcultura. Al cimentar su teoría en los detalles etnográficos, Cohen pudo inserir la clase en su análisis a una escala mucho más compleja que antes. En lugar de presentar la clase como un conjunto abstracto de determinaciones externas, la mostró en acción, como fuerza material en la práctica, disfrazada, por así decir, en la experiencia y exhibida en el estilo. La materia prima de la historia podía refractarse, mantenerse y manipularse en la línea de una cazadora mod, en las suelas del calzado de un teddy boy. Las incertidumbres de clase y de sexualidad, las tensiones entre conformismo y desviación, familia y escuela, trabajo y ocio, quedaban fijadas de forma a la vez visible y opaca. Cohen elaboró el sistema con el fin de reconstruir esa historia, de meterse bajo la piel del estilo y arrancarle sus significados ocultos.

 
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