lunes, 6 de enero de 2014

{Googie a go-go} pastiche y emplazamientos retóricos del pop




Ampliación de un post publicado en noviembre de 2009

Una década antes de que el Pop-Art llegara a cuajar y todas las disquisiciones warholianas sobre la sociedad de los 15 minutos se convirtieran en espectáculo y patente de galerías y museos, la cultura pop ya estaba en las calles bajo la rúbrica del pastiche, la mezcolanza historicista y el ensamblaje. El pastiche, uno de los elementos constitutivos del movimiento posmodernista contemporáneo desde principios de los años 50, favorece la introducción de figuras de la cultura popular, especialmente en la arquitectura y la pintura, pero también en el diseño industrial y la moda. Tanto así que cualquier utensilio podria ser desmenuzado y reconstruido de nuevo como un collage que injerta materiales, ideas y texturas procedentes de diferentes tradiciones y épocas. Una manera de hacer percutir el concepto sin extenderse en demasiadas palabras sería deteniéndonos por un instante a mirar ese cuadro de Richard Hamilton, Just what is it that makes today's homes so different, so appealing? {1956}, en el que su superficie se abastace de retales interpuestos para ajustarse a la habitabilidad de un espacio compacto, la salita de estar; o aquel otro de Robert Rauschenberg, Express {1963}, en el que los diversos planos que componen la obra se confrontan entre sí, en los matices de imágenes separadas por el tiempo y el estilo.

En un artículo de Douglas Crimp titulado Sobre las ruinas del museo, se pone de manifiesto la importancia de Rauschenberg en la aplicación del posmodernismo a las artes visuales, en cuadros como Express, Persimmon y Break-Through, estos últimos de 1964. Crimp alude al crítico e historiador del arte Leo Steinberg para referirse a una nueva clase de superficie pictórica, que adoptaría el apelativo inequívoco de prensa plana, es decir: «Una superficie que puede recibir una vasta y heterogénea disposición de imágenes y artefactos culturales que no han sido compatibles con el campo pictórico de la pintura premodernista ni modernista».



En arquitectura, el posmodernismo se inicia a mediados del siglo XX como reacción al funcionalismo y al Estilo Internacional, realizando el viaje de vuelta a la ornamentación, el revisionismo y la colisión de las formas. La sobredimensión al abordar el trabajo arquitectónico encuentra en el pastiche y la intertextualidad un modo de dotar de identidad a las nuevas edificaciones. La arquitectura googie, aparecida en ese mismo periodo, parte de esta premisa, con la particularidad de que se incorporan elementos significativos de la cultura de masas. Por un lado, iconografías de la cultura popular, el neón, la saturación del color, el populuxe, el comic y el doo-wop; por otro, esa tendencia surgida en la década de los 50, a partir de la ascensión de la carrera espacial y la consolidación de la era atómica, consistente en idear una quimera para el futuro en el que la barrera del año 2000 marcaría la diferencia hacia una nueva concepción de la civilización.

Mientras los ornamentos de la cultura pop expresan mediante el googie una nueva oportunidad para integrar al ciudadano en la arquitectura de su tiempo, el retrofuturismo {y su idealización de la sociedad futura} aplicado al estilo ofrece un reclamo publicitario y la confirmación de que el advenimiento de los primeros síntomas de ese futurible ya se están propiciando en el espacio público. El googie se adoptó {y, por consiguiente, se acomodaría} en muchos tipos de edificación, con más insistencia en moteles, autocines, estaciones de servicio, restaurantes, centros comerciales y otros espacios urbanos donde el consumo ostenta la práctica predominante; pero también encontró relieve en otros campos de producción de bienes, tal como en la industria del automóvil, objeto privilegiado en el entramado perceptivo del consumo y la movilidad social.



El paralelismo entre algunas edificaciones vernáculas emparentadas con el googie y las diferentes versiones del Cadillac de 1958 {por citar un solo ejemplo} es evidente. Si seguimos a Gregory L. Ulmer en un artículo titulado El objeto de la poscrítica, ante su concepción del collage como la transferencia de materiales de un contexto a otro y del montaje como la diseminación de esos préstamos en un nuevo emplazamiento, entonces el googie, además de aludir a un sincretismo estético, puede considerarse una arquitectura ensamblada al modo de un collage.

Gregory Ulmer destaca uno de los rasgos definitorios del collage de la siguiente manera: «El fragmento prestado es un signo que resumiría en una forma muchas características de un objeto dado». Tanto el edificio como el automóvil implantan signos, emblemas y especímenes semióticos que hacen referencia directa al diseño aerodinámico de la era espacial, teniendo en cuenta además que la oleada retrofuturista estaba colocando en la superficie del campo social las obsesiones utópicas de toda una época. Pero con la exposición voluptuosa e híbrida del googie en esos enclaves de consumo la población confirmaría que la ilusión de ese futuro ya había comenzado en el coffee-shop de la esquina.



Ejemplos del estilo googie en Flickr.
Googie Central es una web que hace un repaso al estilo googie y sus variantes.
Ilustraciones de edificios googie en Googie Art
Doo-Wop motels en Retroviews

 
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