lunes, 15 de febrero de 2016

Skateboard, un arte itinerante


Artista. Diego Machado

La cultura-pop reinventa el soporte. El graffiti había sido el modelo de la expresión igualitaria y suburbana, un arte estático hecho en los muros y paredes abandonadas, y dinámico a través de los vagones de los trenes que el pasajero o paseante podía reconocer en su recorrido ciudadano. Su rendimiento o provecho estaba basado en el prestigio del tag y la apropiación de los espacios públicos como una contienda clandestina y anónima, hasta que las galerías de arte y las instituciones lo introducen en sus salones. Mucho antes, el movimiento Dada ya había añadido otros soportes (en un intento por distanciarse de la tradición) bajo la voluntad de saciar su crítica político-cultural a esas mismas instituciones.

Más estimulante y sugerente me parecen los soportes móviles para el arte y las iconografías subculturales que mezclan motivos sin prejuicios estéticos, sin subvertir la trascendencia del diseño: lo gráfico como una visión y forma artística legitimida, por sí misma. Uno de esos soportes, la tabla de skate, vuelca su potencial en la estratagema de despistar al arte para hacerlo visualmente asequible al transeúnte, en cualquier esquina.

En un momento en que las instituciones están redefiniendo el arte ubicado en el espacio público, el skateboard advierte de la posibilidad de un arte itinerante y libre de cualquier restricción.

La tabla es una superficie pictórica, a través de la cual se han plasmado todo tipo de tendencias y estilos artísticos: humor, política, cómic, ilustración experimental, posmodernismo e historicismo artísticos, consignas sociales, pop, rebelión, etc. El skater lleva su tabla en el rail de la ciudad, y con ello traslada el arte de un sitio a otro. Ejemplos:




Artistas. Frank Kozik. Luca Longboards Poland. Junichi Tsuneoka. DFace. Emil Kozak. Alex Lehours

 
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