domingo, 27 de noviembre de 2016

Oliver Sieber: las subculturas y la individualidad mediatizada por los estilos híbridos



En 2013, Oliver Sieber (fotógrafo aleman) publica un libro monumental, con más de 400 páginas dedicadas a exponer una descripción sobre la diversidad de los modelos subculturales contemporáneos, globales, fotografiados en ciudades como Los Angeles, Nueva York, Tokyo, Colonia, Osaka, etc. El libro se titula Imaginary club, con el cual obtiene en 2014 el premio PhotoBook of the Year, patrocinado por Paris Photo y Aperture Foundation.

Su planteamiento fotográfico siempre se rige por el mismo patrón estético: retratos que hacen uso del plano medio, con la figura levemente escorzada y un fondo liso en negro o blanco. El sujeto queda aislado de su contexto social, de sus entornos de interacción. Sin embargo, Sieber introduce en el libro otro tipo de imágenes complementarias: el paisaje urbano, fragmentos que funcionan como trasfondo ambiental.



Oliver Sieber retoma esa especie de catalogación llevada a cabo por algunos fotógrafos del siglo XIX y principios del XX. El formato estandarizado (patrón visual) le permite centrarse con mayor intensidad y concentración en el sujeto subcultural: identidad, formas vestimentarias, rostros, psicología vinculada a la construcción del estilo, etc.

Su acercamiento al tema es austero en la medida en que prescinde de cualquier elemento que subvierta esa visión o desvirtúe la atención sobre la figura. De alguna manera, interesa la evolución y transformación de los estilos juveniles: cómo llegan las subculturas tradicionales (punk, teddy boys, rockers, góticos, skinheads, etc) a conformarse como modelos híbridos de identidad estética en el siglo XXI. Cómo cada individuo termina representándose exclusivamente a sí mismo a partir de una reinterpretación deliberada de las formas subculturales.

Tradicionalmente, la hibridación y el collage ya estaban presentes en algunas subculturas (mod, punk), pero formaban parte de una normativa colectiva que dotaba de sentido social y psicológico al grupo de pertenencia. Una normativa compartida. Ya en el siglo XXI, ese proceso se radicaliza bajo una intensiva capacidad de individualización que sólo atiende al sí mismo. Eso no quiere decir que no existan formas o grupos subculturales definidos, pero su adopción es transgresora, transformativa en el tiempo: cualquier material, gesto o rasgo añadido supone una nueva interpretación del estilo. La individualidad termina por convertirse en el verdadero contenido de la subcultura.

 
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