El mar no interrumpe nada. Sigue su propia mecánica, sin más objeción que la que podría amontonarse en los ojos. En uno de mis libros preferidos* la evocación del mar funciona también como un reconocimiento tácito de un estado de cultura prominente, rico en esfuerzo y voluntad, tantas veces dibujado en los mapas. El mar ni siquiera exige esgrimir una certeza duradera, pues el oleaje lo impide, y lo advierte cuando en la costa, en las desembocaduras, el agua se arremolina hacia una dirección que, desde lo humano, podría mostrase aún más incomprensible. No es fácil adivinar esa imagen, pero sucumbimos a su caudal. Todo el mundo intenta llegar hasta el mar.



* Al aproximarse al Mediterráneo, elegimos ante todo un punto de partida: una costa o una escena, un puerto o un suceso, un periplo o un cuento. Luego, ya no importa tanto de dónde hayamos salido, cuenta más hasta dónde hemos llegado, qué hemos visto y cómo lo hemos visto. A veces, todos los mares parecen iguales, sobre todo cuando la travesía es larga. A veces, cada mar es diferente.

Fragmento inicial de Predrag Matvejevic, Breviario Mediterráneo, Anagrama, 1991 (ed. original 1987)


miércoles, 29 de agosto de 2007

yeah yeah girls vol. 1 & vol. 2

Ahora, que vemos aparecer a Mareva Galanter, Carla Bruni, Radiomatic, Pascal Parisot y todo el revival de los chicles ye-ye mascando el candelero de la modernidad, sería buena hora para volver a aquellas otras cantantes que cambiaron el sentido de la figura femenina de los años 50 dotándola de otros aires, en los 60. Y las hubo que, al margen de las veleidades de la sociedad de consumo, investigaron desde esos chicles musicales una modalidad que se dejaría influir por la psicodelia y otros sonidos suburbiales. Lo que sigue son las antologías de una vivencia personal. Si terminan siendo colectivas, pues mejor.


[Diseño: Javier Reguera. Pinchar en el interior para descargar antologías]

YEAH YEAH GIRLS FROM PARIS VOL. 1
1. Anna Karina > Sous le soleil exactement, 1966
2. Annie Philippe > Le mannequin, 1967
3. Cleo > Les fauves, 1966
4. Natacha Snitkine > Jeu Du Telephone, 1967
5. Tiny Yong > Tais toi petite folle, 1963
6. Patricia Carli > L Amour En Cage, 1963
7. Nancy Holloway > J'Accuse, 1964
8. Jacqueline Taieb > Le Coeur Au Bout Des Doigts, 1967
9. France Arnell > L'Amour s'oublie, 1964
10. Charlotte leslie > les filles c'est fait pour faire l'amour, 1967
11. Chantal Kelly > Je n'ai quinze ans, 1965
12. Geraldine > Les Chattes, 1968
13. Elsa > Ecoutez, 1967
14. Marie Laforet > La plage, 1964

YEAH YEAH GIRLS FROM PARIS VOL. 2
1. Camille > Opération charme, 1964
2. Jaqueline Néro > Un p'tit béguin, 1965
3. Lorraine Myra > 25 Ans
4. Pat Harris > Hippy hippy shake, 1963
5. Joanna > Hold-up inusité, 1969
6. Isabelle Aubret > Ciel terre et eau
7. Cosette > Idealisation, 1967
8. Suzanne Gabriello > Zavez pas lu kafka, 1968
9. Myriam Martin > Le blue beat, 1966
10. Luise Cordet > I'm just a baby, 1962
11. Elizabeth > Je Suis Sublime
12. Clothilde - La ballade du bossu, 1967
13. Christie Laume - L'adorable Femme des Neiges, 1967
14. Victoire Scott - 4 ieme dimension
15. Maryrené > Je t'appellais monsieur

[Podeis visitar el especial monográfico sobre música ye-ye]

Posts relacionados [Antologías]:
Yeah Yeah girls from Paris vol. 3
Psychedelic Ye-Ye

martes, 28 de agosto de 2007

francisco umbral, spleen y lejanías


Francisco Umbral, a medio camino entre Baudelaire y Larra,
fallecido en ese Madrid que siguió retratando hasta hacerlo
comprensible por decenios, a sorbos, con el alterne del Café Gijón
o con la algarabía
de lo social
y las miserias y virtudes
de las clases satisfechas, políticas, nobles,
las del lumpen urbano
entresacando la navaja o el clavel.
A Umbral lo leí mucho, a tiempos desiguales.
Casi como a alguien que debía imitar, revolcándome en sus palabras.
Porque su fraseo, su lírica,
no es que fuera exacta.
Más bien invocaba la única manera de decir las cosas,
como al pensarlo.

A Umbral lo leí como acto de fe, creyendo en su verso narrado.
Mortal y rosa
, esa narración de dolor y cordura,
cuando la única manera de enfrentarse
a la muerte del otro
es con la lucidez de quien ha permanecido despierto toda la noche.
Con nocturnidad.
A Umbral lo he leído en muchos sitios. Lo seguiré leyendo en otros.
Diré que lo he leido cuando recuerde su Spleen de Madrid, su crónica social
que no era otra cosa que contarse
en la pomada del espíritu, dándose como dandy a los demás para dotar su figura
de un acto inconformista, para sí mismo.

Un ser de lejanías, tituló uno de sus últimos libros. La lejanía
responde a un deseo que se vacía y colma en el futuro, o sea, nunca,
pero con el volver lo que ha cambiado es uno, en lo individual
y en lo colectivo. Y umbral regresa hoy con su relato acabado, concluido,
transformado para que podamos leerlo de nuevo. Y así lo
dice ahora, lejanamente.


Web de Francisco Umbral.
Sus artículos en el periódico El Mundo (1994-2007).

lunes, 27 de agosto de 2007

ex-fan des sixties


[Garry Winogrand, El Moroco, 1955]



Del-Monas > Comin' home baby | EP. Comin' home baby, 1984
Thee headcoats > The Ballad Of Fogbound Pinehead | LP. The Kyds are all
square, 1990
The Turnpike Cruisers > That Girls Got Mine | LP. Cruisin' unholy, 1985
Mareva Galanter > 7h Du Matin | LP. Ukuyeye, 2006
The Montesas > Agent X-Ray 3 | LP. Hipsville Teen Party, 2002
Cléo > Et moi, et toi, et soie | EP. Les Fauves, 1966
Carole Robert > Le fruit défendu
Caterine Caselli > Sono qui con voi, 1965
Boris Vian & Magali Noel > Fais-moi mal Johnny, 1956
Nino Ferrer > Mirza, 1965
Brigitte Bardot > Tu Veux Ou Tu Veux Pas, 1970
Jacques Dutronc - J'Ai Mis un Tigre dans ma Guitare, 1966
Françoise Hardy > comment te dire adieu | LP. Comment te dire adieu, 1968
Jane Birkin > Ex-fan des Sixties | LP. Ex-fan des Sixties, 1978

domingo, 26 de agosto de 2007

dutronc... incluso la revolución


[Fans, nº 79, 28 de noviembre, 1966. pinchar en el interior de las imagenes para ampliarlas]

Regreso por un momento al monográfico sobre música ye-ye que escribí hace unos meses para lanzar nuevos tributos sobre Jacques Dutronc, insustituible inventor de la sonrisa y el sarcasmo ye-ye cuando la canción ye-ye y el patronaje de la minifalda ya habían revolucionado la imagen de la mujer para volcarla despues sobre nuevos estereotipos. Todo en apenas cinco años. Los años 70 iban a olvidar las constataciones iconográficas que, para bien o para mal, se habían fraguado en el ye-ye, pero la caducidad no reside en que el producto se quede obsoleto sino en la necesidad de imprimir nuevas vivencias de consumo. Dutronc, antes de aquellas otras revoluciones del mayo francés (o habría que decir revueltas), ya dejó en sus letras un dietario de crítica cultural, todo el soporte para una contestación, y lo hizo además renovando la canción desde la tradición y la modernidad, volviendo al music-hall y a la chanson, incorporando el sonido Dylan y la tonalidad del jazz, una psicodelia tamizada por su afán de narrar la realidad y todas las variantes sobre las que se puede contar una historia de amor en medio de la revolución. Por eso sus canciones de mediados de los 60 retratan ese tiempo de la única manera posible, para superarla desde la ironía. Dutronc... un maestro, una sonrisa, incluso la revolución.

historia de la poesía española del siglo XX contada en dos minutos (version 1.0)

Hace algo más de un mes Antonio Cambronero, editor de Blogpocket, me invitó a participar en su blog con un post, y lo hice con éste. Gracias. Pero como la poesía da para mucho más de lo que yo podría abarcar, lo coloco aquí, revisado y ampliado, con la intención de proseguirlo en una serie que ahora inicio dedicada a la historia de la poesía española del siglo XX (contada en dos minutos), al menos hasta el día que me dé por desaparacer de la blogoesfera para siempre, que será. Y con ello, en cada nueva versión incluiré un cuadro de un pintor español.


[Antonio López, Atocha, 1964]

La poesía suele infundir cierto rechazo, quizás porque se entiende que el poema recrea tan sólo un mundo encerrado, hermético, que lo aleja de referencias de uso común. El lenguaje poético, sin embargo, no escapa a la denominación de otros géneros literarios según la cual la frase, el párrafo o cualquier narración más o menos completa, forman parte de un contexto. La poesía no es ajena a los procesos culturales en los que se enmarca la escritura.

En las últimas décadas, el dietario predominante en la poesía española se ha caracterizado especialmente por su marcado uso de lo cotidiano y un intento de sintetizar en el poema la dialéctica poesía del conocimiento vs. poesía de la experiencia, vocablos que ya en los años 50 permanecían como signo diferenciado de trifulcas intelectuales o fisuras más bién metafóricas, ese lugar en que cualquier palabra podría congeniar con las cosas del mundo. La poesía española llegaba a lo social y colocaba al sujeto poético en la historia inmediata. Sublimar el espíritu de lo poético a traves de lo que ya parecía historizable en el poema. Pero si hemos de compararla con la poesía hispanoamericana, con todas las salvedades que puedan apreciarse, mientras ésta ejercita el vocablo épico, la fuerza telúrica y la extensa narración que va de los surrealismos de Pablo Neruda escritos en Residencia en la tierra (1925-1935) a la reinterpretación de la épica circular de Raul Zurita plasmada en Anteparaíso (1982), la española ha seguido, desde la generación del 36, un recorrido delimitado por un sujeto poético que libra su combate con su cotidianidad política, social y moral.

Seguir leyendo

El poema está hecho de palabra, metáforas, intersticios y silencios, pero nadie escapa al lugar en que se colocan las cosas, la historia. Incluso las vanguardias españolas de principios del siglo XX, en su manifestación por contradecir la tradición literaria ubicada en el realismo, participa de todo lo que estaba ocurriendo en Europa. Guillermo de Torre, intelectual y agitador cultural, recoge todas las tendencias vanguardistas europeas a través del ultraísmo. Su libro Hélices (1921), desechando la métrica y la rima y haciendo uso del espacio en blanco, provoca la ruptura con el racionalismo. Con la Generación del 27, el espacio que habían creado las vanguardias de los años 20 retoma la tradición literaria española, y el surrealismo que caracteriza los primeros libros de muchos de sus miembros adquieren un tono con matices propios: un encuentro entre tradición y modernidad. Así, Federico García Lorca escribe, a mi parecer, uno de los libros más impresionantes de la literatura universal, Poeta en Nueva York (1929). Es curioso que su infiltración en la vena surrealista venga cumplida ante la ampliación de su marco geográfico a través de un viaje a EE. UU. y Cuba. Sin embargo, los años 30 van a determinar un giro estilístico que afectará incluso a décadas más próximas al nuevo siglo. Los agitados años de la II República, más aún con el inicio de la Guerra Civil, influyen de igual forma en la poesía, una poesía que empezará a vislumbrar que la palabra también puede ejercer su fuerza creadora a través del compromiso. El poema se convierte en poema de expresión politico-social. Miguel Hernández, que había llegado a Madrid en plena II República, realiza el tránsito de una poesía pastoril con tintes religioso-católicos al poema de trinchera que ilustra Viento del Pueblo (1937). Una poesía comprometida, puesta al servicio de la causa republicana. Ahí estaría también Pablo Nerura, como lo había estado antes Vicente Huidobro en la España vanguardista con su Altazor para traernos la savia creacionista, todo, el manifiesto y el vacío, la escritura que sale de la nada y fructifica.

Sin embargo, si volamos de un salto a los años 50, la vida ha cambiado y la generación predominante es otra. La que ha pervivido en los manuales de historia literaria es la de Carlos Barral, José Agustín Goytisolo, José Manuel Caballero Bonald, Angel González, José Angel Valente y Jaime Gil de Biedma. Ya se sabe que la historia de la literatura evoca el discurso generacional cuando no sabe como concretar una época. El caso de la Generación del 50 no es diferente en este sentido. Lo que sí les une es una preocupación por el lenguaje cotidiano y la construcción de una poema que define la medida de la experiencia personal o colectiva, aunque a Valente casi habría que tratarle a parte, verlo crear su universo particular: su empeño en construir un lenguaje nuevo lo lleva al origen de cualquier idioma, a la esencia. Esa generación se consolida en la vivencia. Jaime Gil de Biedma escribe dos libros fundamentales para entender el mundo de las posguerras, pues se suele hablar de posguerra en singular y ya se sabe que la realidad sólo asume la felicidad y la tragedia cuando éstas son colocadas en el mundo de la materia, o sea, en el conflicto de clases, entre la burguesía y los exiliados, entre todas las dicotomías que llevaron a España a prolongar durante decenios el estigma que se había iniciado con aquella guerra fraticida del 36. Hablamos de Moralidades (1966) y Poemas póstumos (1968), donde el sujeto poético es consciente de su participación en la realidad histórica. La poesía se vuelca en la cotidianidad, pero el poema se transforma en objeto moral a través de la experiencia histórica de ese sujeto.

Gil de Biedma será revisitado en los años 80 por otros poetas, sin embargo en los 70 nos topamos con otra generación, que no deja de ser otro acto de publicitación fijado primero en una antología y luego en los propios manuales. José Maria Castellet, escritor y editor, se inventa una poética a partir de su antología Nueve poetas novísimos españoles (1970), la cual reúne a escritores como Pere Gimferrer, Leopoldo María Panero, Antonio Martínez Sarrión, Felix de Azúa, Vicente Molina Foix o Guillermo Carnero, entre otros. Como toda generación más o menos posible, la característica primordial es negar la generación anterior, y los Novísimos ofrecen su inventario particular a través del preciosismo del lenguaje y cierto cosmopolitismo, una poesía llena de referencias cultas e historicistas. De esta generación destacan, a mi entender, dos poetas bien distintos. De un lado Pere Gimferrer con Arde el mar (1966), escrito en castellano, pues a comienzos de los 70 empezaría a publicar en su lengua materna, en catalán; y de otro, Leopoldo María Panero con Así se fundó Carnaby Street (1970) (mi blog lleva ese mismo título en homenaje a ese libro y a Carnaby Street como símbolo del espacio cultural), una actualización de la poesía irracionalista con influencias del surrealismo, el experimentalismo y la cultura pop. La Generación de los Novísimos, al margen de algunos grandes poetas entre los que se ha de incluir a Manuel Vázquez Montalbán, quedó en nada, en un acto editorial que ha pervivido como el intento de ordenar un periodo pero que apenas posee una base real. Responde más bien a cómo una generación puede ser creada por la mecánica del marketing editorial. Así llegamos a los años 80 y el regreso a la poesía de la experiencia que toma sus referencias inmediatas de la Generación de los 50 y coloca como poeta-paradigma a Luis Cernuda. Parte de la poesía que se ha hecho en los últimos años proviene precisamente de los primeros libros de Luis García Montero (El jardín extranjero, 1983) y Felipe Benitez Reyes (Paraíso manuscrito, 1982), los poeta más significativos de esos años que aún hoy continúan representando la línea de la poesía dominante, una cotidianidad donde el poeta (el sujeto poético) se convierte en ciudadano común, en sujeto identificable. Pero estos son sólo algunos libros. Muchos otros podrían haberlos sustituido porque los libros a veces sólo adquieren esa relevancia por cuestiones del azar (o no, veremos en otros post como la posición que ocupan algunos poetas en el campo literario depende, entre otras cosas, de los premios y certámenes poéticos), del momento preciso en que son escritos. Otros muchos poetas forman parte de esa historia, aunque sólo estos pocos cabían en un post.

viernes, 24 de agosto de 2007

arqueologías del underground




[pichar en el interior de las imágenes para ampliarlas]

No es cuestión ahora de ponerse a dorar la cháchara con datos e índices que demuestren que la revista Star aún hoy puede ser recordada como un invento para fomentar disidencias, extravíos culturales y ocasiones para el divertimento, pero los fantasmas que aún recorrían España en 1974, momento en que salió el primer número, quizás ya empezaban a vislumbrar que no todo dura eternamente. Si durante el franquismo la clase intelectual tan solo pudo esbozar una resistencia silenciosa, en los subterráneos de la cultura underground barcelonesa el dibujo y la ilustración, el ensayo panfletario y los palimpsestos del desencanto produjeron una vertiente de verdadera irreverencia contra los poderes fácticos. El germen de aquellos otros cambios culturales que tendrían su mayor impacto social en los años 80 ya estaba en las páginas impresas a dos tintas de la revistad Star. Una publicación a la que todavía no se le ha hecho justicia y aún podría ser contemplada como un modelo para la discrepancia y el hedonismo, para el jolgorio y la crítica social, la cultura. Incluso en democracia.

[Portadas: nº 21, Pérez Sánchez | nº 22, fotografo desconocido | nº 24, Swartz, Pontial, Buckinz, Ever, Armand | nº 25, Nazario | nº 26, fotógrafo desconocido |
nº 34, Ceesepe | nº 50, Jordi García | nº 55, Peret | nº 56, fotógrafo desconocido]

miércoles, 22 de agosto de 2007

canciones eternas, revoluciones frustradas (nino ferrer)

Como desde hace algunos días no se me ocurre nada que añadir (y además estoy en la playa), me sumo a esa extraña manía de copiar y pegar tan común entre bloggers de todo el planeta, sólo que en esta ocasión prefiero copiarme a mí mismo y recuperar un post de hace unos meses, colocarle un título nuevo, otra fotografía que lo encabece, y seguir zambulléndome en el mar Mediterráneo.
Posdata > Por supuesto, esto no es una crítica a quien hace uso del noble arte del copiar y pegar. De hecho, he copiado literalmente mi post para que no hayan suspicacias.


En 1968, todo hacía pensar que las revoluciones concluirían con un No. La negación iba a ser el gran slogan colgado en los muros, todas esas frases publicitando el ideal generacional de la juventud y el rechazo declarado a los poderes fácticos. No sé si existió realmente una revolución del 68; lo que sí hubo fue un estornudo que despertó a la población francesa y norteamericana del adormecimiento. En EE.UU. fue otra cosa. Quizá una cuestión cronológica, aunque lo cierto es que el movimiento por los derechos civiles ya había iniciado su confrontación contra la intolerancia a principios de los 60, mientras que el movimiento hyppie, algo después, llegaría a empapar la atmósfera con nuevos elementos ideológicos..., paz, flower power y LSD. La guerra de Vietman en EE.UU y el derechismo de De Gaulle en Francia. Tras el letargo siempre llega el estornudo. Pero los cantantes ya estaban ahí.

Nino Ferrer haría su revolución individual con sus canciones, canciones de humor y disidencia, de amor e ironía contra el stablishment y la poltrona. Cuando empezaron a editarse esos discos todavía no había llegado el mayo francés. Dutronc y Ferrer lo iniciaron a su modo mucho antes, al igual que algunos intelectuales, Michel Foucault, Levy-Strauss, Jean Paul Sartre, Roland Barthes o Louis Althusser, sólo que éstos ya estaban en su pedestal y a las canciones había que ponerles una sonrisa en la letra para que no sonaran como un acontecimiento teórico para parroquias universitarias. Lo que hizo perder ese mayo del 68 fue que toda revolución termina por convertirse al dogmatismo. Con las canciones es distinto: las buenas siempre permanecen, como si el tiempo no hubiera pasado por ellas. Y Nino Ferrer, como otros, tiene algo de intemporal. Algo revolucionario.

Vía | Este post pertenece al especial monográfico Música ye-ye.

miércoles, 8 de agosto de 2007

extraños en la ciudad


Miguel Trillo, 1984



Burning > Mueve tus caderas | LP. El final de la década [1979]
Burning > Es Especial | LP. Bulevar [1980]
Burning > Que hace una chica como tú en un sitio como éste | LP. El final de la década [1979]
Burning > Las chicas del drugstore | LP. El final de la década [1979]
Burning > No es extraño que tu estes loca por mi | LP. Bulevar [1980]
Burning > Extraño en la ciudad | LP. Atrapado en el amor [1982]
Burning > Una noche sin ti | LP. Noches de Rock and Roll [1984]
Burning > Jim Dinamita | LP. Madrid [1978]
Burning > Dia de lluvia | LP. Bulevar [1980]

sábado, 4 de agosto de 2007

ceesepe o el dificil arte de mentir


[Ceesepe, Clase de baile en la plaza de kolsosmoskaya, 1982]

La autenticidad es una cualidad para la que Ceesepe, pintor al que se le tendrá que reconocer su incalculable aportación a la iconografía de una época, ha sido llamado desde aquellos lugares expuestos a la mayor de las mentiras, una escenografía con narraciones imposibles y situaciones para el baile, la noche o la narración llevada al límite de un drama, pero que en su pintura desvelan una verdad: las mil maneras de un personaje que ha concluido llegar hasta el final. En Ceesepe todo es narración, pero un tipo de narración capaz de alternar realidad y deseo, azar e infortunio, sospechas y certezas incomprensibles para el otro, todos los excesos que nos llevan a mirarnos ante el espejo como si un segundo después fuera a cambiar el mundo. Esa narrativa, heredera de sus comics e ilustraciones publicadas en la revista Star o El Víbora en 1976, 1977, incluso en otros momentos de 1980 en que todavía lo vemos recrear escenarios llenos de violencia y sadismo con su serie Slober, alcanza en sus cuadros de los años 80 otro matices. No se trata sólo de que su lenguaje formal haya conectado con el estilo de una generación en pleno cambio, sino que la vivencia ya posee en el lienzo el estigma de la cordura en estado puro. Sus personajes, al límite de esa vivencia, deciden adoptar un gesto dramático, intuido en el baile, en los gestos. Esa sensación de plenitud o desidia a veces nos muestra que ya sólo actúan por motivaciones ocultas.

Así, Ceesepe va orquestando el mundo a su antojo. Por eso el baile, en sus cuadros de 1982 a 1984, suponen un tema preferente que nos hace vislumbrar que nada es lo que parece: es la expresión de un instante en construcción, donde el drama y el hedonismo, la navaja y la rosa, bien pudieran confundirse entre dos sombras, escamotear a la noche un beso furtivo o deslizarse para no volver. La realidad ya supone una distorsión que nos avisa de cierto extravío en las figuras. Algunas de sus influencias pictóricas más próximas, Picasso, Chagall, futurismos y vanguardias que hicieron del autómata el único soporte reconocible de las utopías industriales, explican que a lo que Ceesepe le ha interesado no es precisamente la descripción de un entorno, sino su reinterpretación vivida desde el drama. Sin embargo, drama no ha de ostentar en su obra un sentido trágico. Más bien, supone la inclinación de sus personajes a una interrelación en el límite de lo social. Aplicado a la perspectiva oblicua de muchas de sus composiciones, el rechazo de la vida cotidiana se formaliza en aquellos espacios en que el ocio y el placer construyen una experiencia total. La noche y los bares, el baile como método indagatorio de la identidad personal y colectiva, el amor loco y el encuentro fortuito, la violencia y el sexo, todo ello compone la escenografía moral y cultural del universo del pintor, al menos en aquellos cuadros de 1980 a 1984 en que la figura humana encuentran su acomodo natural en la representación de las posibles identidades juveniles. Vista hoy, su obra característica de tal periodo, adquiere más importancia al suponer el esclarecimiento de un ambiente. Lo mismo podría decirse de las primeras películas de Pedro Almodóvar o las escenas nocturnas en los cuadros de El Hortelano. Es el mundo circundante experimentado en primera persona y devuelto al lienzo, a la ficción, pero lo que tales artistas han colocado en el primer plano es precisamente lo que ya no podría ser explicado si no es al contemplar la obra misma, el espíritu de una época corrompida por el tiempo.


[Ceesepe, Visitando la cocina, 1981 | El dia que muera Bombita, 1982 | luna negra, 1984]

[Nota> Nuestro acercamiento a la figura y obra de Ceesepe no termina aquí. Su importancia trasciende el contexto de la movida madrileña, pero tampoco puede obviarse que parte de su evolución creadora procede de ese periodo. En estos posts nos limitaremos a indagar en su obra de los años 80 y en su etapa barcelonesa, cercana al comic underground]

viernes, 3 de agosto de 2007

ceesepe, entrevista en la revista star


Pinchar en el interior para ampliar la imagen

Breve entrevista a Ceesepe en el nº 55 de la revista Star, 1980. En ese momento Ceesepe ya estaba plenamente instalado en la ciudad de Madrid, pero sus orígenes artísticos se hallan entre las páginas de esta revista del underground barcelonés, donde da rienda suelta a un surrealismo cargado de violencia y personajes limítrofes escenificados en un falso comic. Su obra posterior demuestra que nunca tuvo la intención de hacer una carrera como dibujante de comics. Aún así, existen muchos puntos de unión entre esta primera etapa [volveremos a ella] y su obra ya ubicada en el contexto de la movida madrileña.

Post relacionado:
En cualquier fiesta

jueves, 2 de agosto de 2007

una portada historica


Una portada que se convirtió en emblema del underground barcelonés realizada por el dibujante Montxo, perteneciente al nº 30 de la revista Star, 1977. Los contenidos de ese número no tienen desperdicio. Entre otras cosas, Luis Vigil escribe un artículo sobre La anarquía, único sistema de gobierno para la era post-industrial. Juan José Abad se detiene a esbozar la crítica de un artículo de Eduardo Haro Ibars sobre el punk [revista Triunfo] en el texto El punk, la bestia negra del rock. Oriol LLopis, otro histórico de la prensa underground que también publicaría en Vibraciones y Disco Expres, escribe sobre los espacios alternativos de la ciudad de Madrid en Madrid por el lado salvaje. Laura Cony entrevista a Andy Warhol. El Hortelano continúa publicando sus ilustraciones metafísicas para la serie Europa Requiem, mientras Ceesepe prosigue en Slober su línea de dibujo amenizado con sadismos varios y surrealismos disonantes.

i-d versus coolhunters



Pero a veces la moda, ese conglomerado de detritus y parafernalias dispuestas para dotar de identidad al cuerpo, rebusca entre sus pliegues el lugar en que la cultura aún puede convertirse en un fenómeno de transgresión. Hoy los coolhunters, profesionalizados bajo el patrocinio de marcas & Co., recorren ese lugar como si fueran a descubrir que la novedad está en ponerse el lazo en los tobillos. El concepto de tendencia [y su práctica] se ha convertido en un negocio estandarizado que los coolhunters, bajo el epígrafe o el epitafio de esto es lo último, han sabido rentabilizar sacando del armario del tercer mundo la moda etnográfica o los collares de los Masai, colocarlos en ese lado urbano en que todavía pueden verse zapatillas John Smith y proporcionar al consumidor de vanguardia una identidad tribal.

Hoy ya se sabe que lo que había sido un gesto revolucionario respecto a la institución cultural de la moda y las grandes revistas al estilo de Vogue, parece haberse convertido en el sucedáneo mecanizado de toda una industria. Esa revolución se inicia a principios de los años 80 bajo la impostura de la revista I-D, editada en Londres al modo de un fanzine marginal, una política editorial original y todo un catálogo de fotografías callejeras que podrían encontrar su equivalente en la tradición fotográfica con los retratos de August Sanders. El straight-up style y su cultura zigzagueante, desarrollado por I-D como una vivencia total, ofrece el punto de fricción en que cultura y moda pueden vislumbrar su definición a la vuelta de la esquina. Son los años en que el afterpunk y los New Romantics engendran un modelo con cuatro trazos y un vestido de atrezzo, pero había más verdad en los trajes aderezados de romanticismo inglés de Boy George, Steve strange y todas las divas que habían empezado a frecuentar el club The Blitz, que en las bambalinas que hoy los coolhunters entresacan de los barrios marginales de Nueva York. La revista I-D, con Terry Jones como editor, llevaría a cabo ese proceso transgresor, una manera de ver la moda desde la calle que sería copiado por infinidad de publicaciones de los años 90 hasta hoy y pervertiría el concepto original llevándolo al marketing corporativo de los coolhunters. Es el mundo bajo el disfraz, donde todo puede ser dicho por ultima vez y sólo la primera es la verdadera.

La revista I-D, basada en las ideologías del haztelo tú mismo y el tipo de fanzine que el punk primigenio había ido solventando como alternativa al mercado capitalista, también tendría su repercusión en la España de los 80 a través de la revista Madrid me mata [1984]. Oscar Mariné, editor de la misma, recoge esa ideología y la vierte sobre los acontecimientos. Parece igual de sintomático que La luna de Madrid, revista editada a partir de noviembre de 1983, empiece a utilizar en algunos números de 1984 y 1985 la estética y maquetación del fanzine, quizá para no desmarcarse de su propósito transgresor y distanciarse del discurso intelectual que ya podía rastrearse en los suplementos culturales de los periódicos. La vida en la calle iba a explicarse de nuevo mientras Madrid oficiaba su ansiada capitalidad cultural, algo que llegaría a convertirse en un espejismo, en el sueño utópico de la ciudad en movimiento.

En la sección i-collect de la web I-D Magazine pueden verse las portadas de la revista I-D, tres décadas de tipografía, diseño y fotografía innovadoras y de gran calidad.

 
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