El mar no interrumpe nada. Sigue su propia mecánica, sin más objeción que la que podría amontonarse en los ojos. En uno de mis libros preferidos* la evocación del mar funciona también como un reconocimiento tácito de un estado de cultura prominente, rico en esfuerzo y voluntad, tantas veces dibujado en los mapas. El mar ni siquiera exige esgrimir una certeza duradera, pues el oleaje lo impide, y lo advierte cuando en la costa, en las desembocaduras, el agua se arremolina hacia una dirección que, desde lo humano, podría mostrase aún más incomprensible. No es fácil adivinar esa imagen, pero sucumbimos a su caudal. Todo el mundo intenta llegar hasta el mar.



* Al aproximarse al Mediterráneo, elegimos ante todo un punto de partida: una costa o una escena, un puerto o un suceso, un periplo o un cuento. Luego, ya no importa tanto de dónde hayamos salido, cuenta más hasta dónde hemos llegado, qué hemos visto y cómo lo hemos visto. A veces, todos los mares parecen iguales, sobre todo cuando la travesía es larga. A veces, cada mar es diferente.

Fragmento inicial de Predrag Matvejevic, Breviario Mediterráneo, Anagrama, 1991 (ed. original 1987)


lunes, 19 de mayo de 2008

loba, te conozco


Fotografía: Alex Prager


Loba en gracia que amamantas
la interrogación,
exige el precio, roza
en tu pupila
el vendaje extranjero.
Déjate morder la incertidumbre en nuestras noches.

Verás mi ingreso,
y en la insurrección
que habrá de ocupar tu pecho
álzate en cada frase.
Sabrás de esta planicie
por su idioma.
Llévalo.

Nuestra costumbre es recibir la mano como una contienda.
Nuestra ley desmiente a la memoria.
Nuestro lugar se apodera de este asombro, su penumbra.

Loba, denúdate sin cautelas.
Si es que ha de durar
la saliva la furia el estrépito,
congéniate con esta avalancha de palabras.
Di que querías ser caballo de mar
o criminal entre mis abrazos,
di labio astro o siglos venideros.

Y si ahora el sol es tu apetito,
dime, amor, amor, qué siglo te sostiene
y se acumula en esta huella esbelta
como esbeltos se derraman los planetas en mi espalda,
este incendio que aún desconocemos
y nos explica,
sin más premoniciones
que la historia de la última caricia.

Nuestro sitio.

 
Copyright © 2007-2013 . Asi se fundó Carnaby Street . Javier M. Reguera