lunes, 8 de octubre de 2012

Killed by podcast VII



Los diarios del capitán Ascott habían pasado de mano en mano
desde que, a un año de su muerte, fueron encontrados
en una caja de cartón y celofán cuya inscripción
adelantaba un deseo, un lugar, una paradoja:

Montañas ríos montañas que no volveré a ver
se convierten en asidero para nuestros ancestros.


El deseo nos convierte de nuevo en lo que somos,
pero los acontecimientos eligen la parte
que ha de ser expresada.

Sus últimas páginas eran el recordatorio de otros viajes
que había hecho al Polo Norte,
escritas en una habitación atestada de libros, mapas e insignias
que demostraban sus proezas,
el ingenio de un explorador para romper el hielo
y abrir otras vías de navegación,
un criterio para la voluntad.
Ascott había recibido honores en Sociedades de muy diversa índole,
sin embargo su tristeza le había hecho regresar
a otros sucesos que, suponemos, nunca llegaría a resolver,
y lo había anotado en sus cuadernos
como si el temporal hubiera tenido lugar en otra parte,
en otra fecha, con una tripulación distinta.

Aquella tarde el mar enrarecía las últimas sombras de la tarde.

Lo que vino después son las páginas arrancadas
de un momento que ya no existe.
Ni nadie queda para recordarlo.

Sólo en el tiempo.

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APENDICE


¿Que es Killed by Podcast? Un fogonazo a la letra. Un remiendo poético donde realidad y ficción se arremolinan para extraer otra conclusión. Su origen se remonta a los principios inaugurales de este blog, pero es en la revista cultural 200 dias en Sing-Sing donde encuentra su hueco natural, una sección fija donde se había ido sucediendo (a veces) la evocación y mitología de personalidades pseudohistóricas afiliadas a la extrañeza.

 
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