El mar no interrumpe nada. Sigue su propia mecánica, sin más objeción que la que podría amontonarse en los ojos. En uno de mis libros preferidos* la evocación del mar funciona también como un reconocimiento tácito de un estado de cultura prominente, rico en esfuerzo y voluntad, tantas veces dibujado en los mapas. El mar ni siquiera exige esgrimir una certeza duradera, pues el oleaje lo impide, y lo advierte cuando en la costa, en las desembocaduras, el agua se arremolina hacia una dirección que, desde lo humano, podría mostrase aún más incomprensible. No es fácil adivinar esa imagen, pero sucumbimos a su caudal. Todo el mundo intenta llegar hasta el mar.



* Al aproximarse al Mediterráneo, elegimos ante todo un punto de partida: una costa o una escena, un puerto o un suceso, un periplo o un cuento. Luego, ya no importa tanto de dónde hayamos salido, cuenta más hasta dónde hemos llegado, qué hemos visto y cómo lo hemos visto. A veces, todos los mares parecen iguales, sobre todo cuando la travesía es larga. A veces, cada mar es diferente.

Fragmento inicial de Predrag Matvejevic, Breviario Mediterráneo, Anagrama, 1991 (ed. original 1987)


lunes, 31 de diciembre de 2007

la polaroid arrebatada



La polaroid es el soporte fotográfico quimicamente más enclaustrado en las paradojas de la fotografía contemporánea. Ante la era digital, reaviva la condición del ojo como un suplemento del aparato que succiona la imagen para luego expulsarla por la ranura. Si hoy la imagen fotográfica está supeditada a otras herramientas ajenas a esa máquina deseante [la polaroid, la cámara analógica], puede intuirse que no hace mucho, con la mirada y la química, conformaban ese alumbramiento como un proceso creativo completo, indisociable. El mecanismo de esa máquina total es aún más instantáneo y radical. Cada fotografía actúa como una pieza única y original, mostrando que tal maquinaria, propia de la era de la reproducción, se entrega a la creatividad en el mismo momento de producirse el hecho fotográfico, sin concesiones. Aún siendo ese original modificable, podría definirse en la antístesis de la fotografía digital. En términos estéticos, es la fisura contra la perfección.

Todo en la polaroid puede convertirse en un elemento para la belleza, incluso el polvo que se deposita tras extraer la muestra o las sombras no deseadas. Puede verse en la serie que el arquitecto Carlo Mollino realizó entre 1962 y 1973 en la Villa Zaira, reproducidas hoy en el número de otono 2007 de la revista francesa Purpose, donde la feminidad se alza como eje de un misterio que también podríamos trasladarlo a la mecánica de la polaroid. Retratos que Mollino fue realizando en función de una incógnita que aún no ha sido despejada en el arte. ¿Por qué nos interesa el desnudo? En tales imágenes, es reconocible su paralelo estético al desnudo erótico que surge en los mismos orígenes de la fotografía, en el siglo XIX, una forma descriptiva abocada a los ojos de la burguesía. Incluso la composición parte de la distancia que permite visualizar el cuerpo entero, sin soliviantarlo mediante el fragmento y la disección que se impondrá primero con las vanguardias y más tarde con el retrato contemporáneo. Mollino despieza la feminidad para intentar comprenderla, pero en el conjunto. Mientras el retrato realista del XIX y principios del XX había marcado una distancia objetiva que a veces se traducía en la visión jocosa del erotismo feminino y otras en una interpretación de la moral victoriana aplicada a una incipiente manifestación pornográfica, la serie realizada en la Villa Zaida se acoge al misterio que producen los signos de la feminidad, donde el erotismo no es un elemento externo, provocado, sino que es implícito a esa feminidad. Por eso sus retratos de esa época también se desmarcan de esa visión socializada por la moral burguesa. El desnudo no necesita del gesto para erotizarse. La piel traspasa la vestimenta.

sábado, 15 de diciembre de 2007

version PDF de asi se fundo carnaby street


Fotografía: Javier Reguera

Finaliza una etapa en Así se fundó Carnaby Street, meses de trabajo que me han servido para conciliar un tono de escritura. Si mi primer impulso había sido dar por finalizado el blog (y así lo expresé en esta misma entrada, en parte borrada para noticiar lo que ya se aventura), creo que todavía hay otros lugares que podría rastrear, quizás bajo otro prisma, otro estilo. En esa parte en la que decía (también borrada) que mi intención nunca había sido perpetuar el tono creado en estos meses, la sensación (que lleva palpitando desde hace semanas) es que se abre un nuevo periodo en el que irán cambiando algunas cosas para este itinerario. No sé si estoy hecho para los finales, pero en los intermedios (por breves que parezcan) uno reconoce que lo que no termina ha de empezarse de nuevo.

Así se fundó Carnaby Street ha tratado de reflexionar sobre algunos aspectos de la cultura del siglo XX, pero sobre todo ha significado, al menos a nivel personal, un espacio donde practicar la escritura. Con esta versión en PDF finaliza una etapa y se abre un nuevo periodo.

Versión en PDF de Así se fundó Carnaby Street

 
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