200 días en Sing-Sing, Nº 1 marzo 2008

Versión en PDF de Así se fundó Carnaby Street

Archivo de arqueología cultural: el fanzine

lunes 22 de junio de 2009

blogs: mad about design



Hasta ahora no habíamos tenido ocasión de ojear el inmenso trabajo que ha propiciado la editorial MaoMao en relacion a este libro: Blogs, Mad about design.

Así se fundó Carnaby Street está incluido, en las pags. 80-81, y agradezco enormemente a sus editoras, Estel Vilaseca y Macarena San Martin, que hayan pensando en él como aporte a sus páginas. Un libro bien ponderado, con una estructura sencilla, pero que nos muestra a ciencia cierta lo que está ocurriendo en la red en cuestiones de diseño, ilustración y derivados. 527 páginas para recrearse en blogs de toda condición y estilo, cada cual en busca de un tono. Todos ellos necesarios y visualmente sugerentes. Mad about design es un directorio para alimentar la retina.

martes 28 de abril de 2009

200 dias en sing-sing Nº 2


Max-o-Matic / Fragmento de la portada 200 días en Sing-Sing, nº 2

200 Dias en Sing-Sing sale de nuevo, y con el No. 2 repatriamos el quehacer de los renglones hacia aquellos lugares que siempre hemos querido habitar: la cultura. Ya lo decimos en el editorial: "La cultura también nos legitima como ciudadanos, y es ésta la versión del discurso que nos gustaría prologar, difundir, asociar. Tiempos críticos para el devenir económico, algo que nos afecta y provoca inquietud. Por eso precisamente la cultura debería arraigar en nuestro ser de ciudadanos con mayor profusión". Pero no está todo dicho. Decir es el primer paso hacia la acción. Por eso 200 días en Sing-Sing no se detiene. Ya hemos empezado a preparar el No. 3, y con ello una web que la aloje. En eso estamos.

Nota| Hemos de corregir un error no advertido. El texto y las ilustraciones pertenecientes a Science Genius Girl, de Javier Molinero, están basados en un post de Kahlo publicado en Ternura porno y en algunos autorretratos de dicha fotógrafa. En breve también colocaremos la referencia en la revista. Pedimos disculpas.

Descargar 200 dias en Sing-Sing, No. 2 mayo 2009



NOTICIA DE ULTIMA HORA: 200 DIAS EN SING-SING ESTARA EN LA FINAL DE LOS PREMIOS NOTODO.COM.

Hoy me entero de que 200 días en Sing-Sing ha sido incluida en las candidaturas de los Premios Notodo.com, en la categoría Mejor Proyecto Internet. Y eso no es todo, sino que al revisar el resto de candidatos se aprecia más allá de los siete metros la alta calidad de las propuestas. Nos gusta. Me gusta. Les gusta. Eso es lo que la web 2.0 da de si, y, efectivamente, puede verse un trozo importante en el registro de participantes. Y ahora les toca a ustedes.

Enlaces |
Notodo.com | 200 días en Sing-Sing | MySpace.200 días en Sing-Sing

No es cuestión de adelantar expectativas, pero si al ultimar lo que habrá de ser la segunda entrega de
200 días en Sing-Sing alguien, en este caso nosotros, intuye que la báscula podría equilibrarse por otros lados o que la mercromina sólo cura heridas superficiales, el concepto que quisiera explicar nuestra revista sólo vendría a desvelarse entre los renglones más finos. Nada que objetar. Con ello nos sacudimos el camal y avisamos que con este número, de inminente aparición, continúa la línea practicada en el número inicial, un campo de pruebas con el suficiente espacio y relieve como para plantearnos de manera rigurosa y seria nuestra salida en papel, ya en octubre. Vayamos a éste y su portada. La colocamos en fragmento, o sea, sabiendo que sus márgenes son más amplios de lo que se muestra. Queríamos que fuera Max-o-Matic quien la llevara a término (y él accedió a realizarla tan generosamente) porque su concepto del diseño concuerda a la perfección con nuestra propia forma de trabajar la revista. No de otro modo, Máx-o-Matic está ampliamente presente en el primero (entrevista y portafolio). Nos gusta y lo seguimos. Por lo demás, este número saldrá en nada. En PDF.

sábado 25 de abril de 2009

historia de la poesia española del siglo XX contada en dos minutos (version 2.0)


[Equipo Crónica - Rafael solbes y Manuel Valdés, El dia que aprendi a escribir con tinta, 1972]

El lenguaje cambia de dueño en el poema. Si el habla, aún sorprendiéndonos, nos puebla a todos bajo la raíz común de la comunicación cotidiana, el idioma se hace singular y único en la poesía, con la voz poética. La máxima aspiración del poeta es crear su propia voz, singularizar el lenguaje de tal forma que el verso sea capaz de levantar los cimientos de un mundo nuevo.

El poeta reconstruye el lenguaje, lo particulariza en su voz. Ramón Gómez de la Serna, que tuvo la virtud de convertirse en recolector de vanguardias inexistentes, le dio a la palabra el sentido del improperio. La gregueria es el fogonazo donde la metáfora no explicaría nada si no para desdecir la realidad y rivalizar con los significados. La forma más radical de ese programa poético es el silencio, el espacio en blanco de Mallarmé, las perversidades fónicas del dadaísmo. Lo encontramos en la obra de Juan Larrea cuando aún se aferraba al ultraísmo. También en Gerardo Diego y su Manual de espumas [1924]. Pero será César Vallejo quien vuelque la palabra hasta los extremos, fortificándola en sus significados ocultos. Con Trilce [1922], escrito en la carcel, el lenguaje se apodera de la experiencia del dolor y lo ensancha más allá de las cuatro esquinas de su celda. Y si hemos de dar ejemplos del otro lado de la balanza, es decir, del humor y el absurdo calibrados por el surrealismo, elijo Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos [1929], de Rafael Alberti, un libro que de ser publicado hoy pasaría por insólito y extravagante, pero que en el contexto del vanguardismo ambiental de finales de los años 20 adquiere todo su sentido.

Es extraño mirar las palabras y no caer en la tentación de inventarse una linguística. Si la poesía persiste en ese intento es porque el poeta con voz sabe que lo que la palabra nos da no lo quita el tiempo. Hablamos pues de cómo el poeta ha transformado el lenguaje más allá de sus significados en el habla, de manera radical. Ya dijimos [en nuestra primera versión] que al llegar la Guerra Civil lo que el poema pide es un efecto de realidad apropiado a la contienda. La comunicación determina la práctica de la poesía. Comunicar. Curioso concepto. Nunca sabremos donde colocarlo. Sin embargo, la poesía siempre será algo más que comunicación. En el conocimiento se acumula su arsenal más certero. Otras vanguardias, quizá marginales, se resisten a cuartear la palabra en disyuntivas ideológicas en la España de los años 40. El postismo, con Carlos Edmundo de Ory y Eduardo Chicharro como figuras más representativas, puede considerarse el último movimiento poético vanguardista del siglo XX, un surrealismo de segundo grado cuando toda la tradición basada en el rupturismo de la forma y el contenido ya creía haberlo dado todo. El Postismo abre una brecha en una sociedad enclaustrada en sus propias miserias politico-sociales. El régimen franquista censuraría el movimiento, pues ya es sabido que todos los regímenes dictatoriales prohíben la palabra que vuela y no se detiene ante el servilismo. Carlos Edmundo de Ory me llega con su magnífico libro Poesia 1945-1969, toda una proclama de supremacía de la imaginación, donde el humor y lo dionisiaco convergen para desmontar el andamiaje de la tradición.

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Vamos así registrando un lugar para la heterodoxia. Pues si la vanguardia se identifica con la rotura de la arquitectura gramatical o de la lógica interna del poema, no todas las escaramuzas vanguardistas se arrimaron a la estilística de un movimiento o escuela. Francisco Pino navegó toda su vida a contracorriente, apartado de los cenáculos literarios. Gloria Fuertes, personaje singular que empieza a publicar en la década de los 40 bajo la tutela del Postismo, vivió su propia singladura poética hasta que en los años 70 programas televisivos como La Cometa Blanca y Un globo, dos globos, tres globos, la popularizaron hasta el extremo de que en la historia de la poesía ningún otro poeta había conectado con la infancia y juventud con tal grado de empatía. En fin, que a la palabra rota del experimentalismo le sucede el extraño juego de la semántica.

Pero no es sólo el hecho experimental lo que nos permite hablar de la palabra más allá de su expresión comunicativa. Casi podríamos tomar otro ejemplo de uno de los grandes poetas de la generación del 50. José Angel Valente, que ha sido incluido de manera aleatoria en esa generación, trasciende el hecho comunicativo, o más bien se aprecia en el conjunto de su obra el paso del acto de comunicar al acto de trascender el lenguaje. De su libro A modo de esperanza [1954] a No amanece el cantor [1992] el poema se vuelve ontológico. Valente rompe la palabra para sublimarla en los misterios de la mística. No hay vanguardia en sentido estricto, sino la voluntad de recuperar la palabra de la tribu, el origen. En los 60 y 70 las vanguardias históricas se suman a la tradición, pero ese caudal no está roto. Las líneas estéticas predominantes de la poesía española, las que van de la generación de los 50 a la generación de los Novísimos, relegan nombres fundamentales a un segundo plano, poetas de gran valía que, creciendo al margen, sin promoción editorial y sin el amparo de grupos más o menos estandarizados, abren vía nuevas sin obtener demasiada atención por parte de la crítica. Es la aplicación de aquella máxima según la cual aquello que no se puede encasillar no existe. Me remito a la lectura de Felix Grande, José Miguel Ullán, Aníbal Núñez o Jenaro Talens. Los incluyo en esta versión porque todos ellos exigieron de la palabra una cierta rememoración vanguardista, la ruptura de los significados y la tradición. Y añado, como emblema editorial, la publicación en 1967 de Blanco Spiritual, de Felix Grande, en mi opinión uno de los libros fundamentales de la historia de la poesía española del siglo XX.

Esta diacronía hecha a retales podría estirarse con muchos nombres y libros que no han pertenecido a generación alguna y, aún así, se adentran en los vericuetos de la poesía para encontrar una tradición basada en la palabra rupturista. En los años 80, dos libros restituyen este ideal contra el formalismo de la poesía de la experiencia. Blanca Andreu publica en 1980 De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, libro que causó un gran impacto en los ambientes literarios y recuperaba el surrealismo y la simbología, la épica que había abastecido al siglo XX a través del poeta Saint-John Perse, el irracionalismo linguístico, la metáfora viva y el mundo imaginado. Luisa Castro sorprende en 1986 con Los versos del eunuco, un libro de corte irracionalista, atrevido, a contracorriente de las modas estilísticas de la época.

Nota > Lamento no poder enlazar a cada uno de los autores citados. Lo cierto es que, exceptuando casos concretos, internet no alberga lugares demasiado interesantes para los poetas.

jueves 23 de abril de 2009

escala progresiva de resistencia 1985 (II)



Si delegar en papel es retroceder a otros años, incluso a otra década, entonces hemos de hacer posible que lo que ahora es comprendido en la web 2.0. reconozca la lícita herencia del fanzine. La respuesta suele ser evidente. El blog podría ser entendido como la evolución, no sé si natural, de lo que en su día había sido formalizado desde la filosofía del Do it your self. Podemos ir a ejemplos concretos y estipular que blogs tan populares como The Sartorialist han recogido la máxima periodistica que a finales de los 70 y principios de los 80 había sido diseñada por el fanzine I-D (con los años convertido en revista de tendencias de referencia, y desde sus inicios copiada por otras revistas sin ningún tipo de escrúpulos). La filosofía del Straight-Up creada por I-D, consistente en captar las modas juveniles que estaban surgiendo en la calle bajo el hilo argumental de la New Wave, es literalmente transferida por The Sartorialist y otros blogs y revistas de tendencias en un acto más gestual que cultural, es decir, haciendo caso omiso al movimiento y fijando sus expectativas en la superflua actividad del coolhunter. Otros muchos ejemplos podrían ponerse en la cabecera como si de pronto cualquiera hubiera inventado los rayos del sol o la luna nueva.

Y sin embargo… Escala Progresiva de Resistencia, fanzine madrileño de los primeros años 80, no podría haber existido como blog. Más que nada porque su esencia es el papel, la tinta, el borrón de la offset o la fotocopiadora… A veces sueño que Así se fundo Carnaby Street se rebela contra sí mismo convirtiéndose en un fanzine hecho de vertidos de papel de periodico reciclado y fotocopiado a hurtadillas en las máquinas de mi empresa. De llegar el día, prometo avisar.

Y en este numero: Aviador Dro, Comité Cisne, Peor Imposible, Os Resentidos, Cabaret Voltaire, Ciudad Jardín, La Dama se Esconde…

Escala progresiva de resistencia, nº 5 marzo 1985

Nota:
I-D o la instantanea de la calle (I)

I-D o la instantanea de la calle (II)
I-D versus coolhunters

lunes 16 de marzo de 2009

animalarios (II)


Sr García

El zoologico mostrado arriba-y-abajo no viene a comprobar o refutar ninguna premisa. Cada cabeza pegada a un cuerpo, independientemente del traje que porte, ofrece una visión del collage distinta. Es probable que Mark Weaver se remonte al grabado de finales del XIX impreso en los libros de aventuras y anticipación a lo Julio Verne, pero en su alocución de esta mezcla imposible hay algo documental-paracientífico, algo que ilustra una historia no-oficial. Mark Weaver nos gusta por lo que evoca, el mundo en evolución, una isla darwiniana que contempla otras hipótesis: la evolución es el respiro del cielo.

Incluso podemos ver esta congregación como el último estadio del arte figurativo. Cuando no queden más que recuerdos volveremos a oscultarlo todo en el collage, un ejercicio memorístico que hurta a la propia historia sus materiales más recónditos. Por eso está más que pobrado que un catálogo de coches podría estar repleto de artefactos para el arte sin saber que lo más idóneo es considerar una fotografía del motor de un diesel un producto plenamente artístico. Eso me recuerda que las mejores fotografías que hizo Robert Doisneau no fueron posiblemente sus archifamosas imágenes de Paris, sino aquellas que había realizado por encargo de la fábrica Renault.


Mark Weaver

A fin de cuentas una hélice también puede convertirse en un objeto hermoso (futurismo), pero las páginas de una revista de Inventos del siglo XIX podría reciclarse en la tela de un cuadro de 2x2. En el ámbito digital, sin embargo, parece obviarse el bagaje cultural asimilado en el collage desde principios del siglo XX. Lo digital, con su capacidad de borrar el pasado, hace uso de todo lo anterior como referente ausente. Tan sólo sirve en la medida en que da partitura a una herramienta de Photoshop. Un títular más elocuente sería noticiar que la historia del arte se habría iniciado hace unos meses. El collage es lo contrario a la efervescencia digital. Es un acto de recuperación.


Trust Zabo

Esa contradicción que parece aplicarse a lo digital como emblema del propio acto creativo volcado en un software elimina la conjunción de piezas atravesadas, es decir, incompatibles. Photoshop y otros tantos programas afines desenvuelven el enigma que el collage ha mantenido imperturbable desde principios del siglo XX. Ese enigma tienen que ver con aquello que podríamos llamar la concordancia de un engranaje discordante. No es que Photoshop lo haga más fácil, sino que lo aplica como una simulación de lo que había sido el collage.

No obstante, para darnos cuenta de esta idea hemos de volver a uno de los pintores que, bajo la estrella del surrealismo y sus moradas de azar objetivo, mejor supo encauzar ilustración, collage y pegamento. Max Ernst cabe en esta cita como la páginación realmente enigmática de todo lo que ha supuesto el collage a lo largo de su historia, una negación del collage que sin desprenderse de su técnica diluye las líneas entre un pedazo y otro para hacer de la composición una escena perfecta.


Max Ernst

Los collages originales pertenecientes a Une semaine de bonté, 184 obras que Max Ernst planeó con la meticulosa medida del forjador de hierros candentes, plantea la duda del ensamblaje. El collage respira por sus ranuras hasta hacerlo imperceptible. No de otro modo, el pintor había invertido tiempo y detalle en recopilar grabados e ilustraciones de los folletines impresos del siglo XIX con la intención de acoplarlos unos a otros hasta conformar el panorama de una realidad subyacente: lo que había servido como entretenimiento visual en el folletín quedaba ahora transformado en una visión subversiva de la moral y la sociedad burguesa, a veces en descripciones oníricas donde el instinto animal repercute en lo humano y otras donde lo atávico y mitológico subraya el descenso del ser humano a los cauces del inconsciente.

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Se podría confrontar aquí un arte de la protésis con un arte de la regresión. Los collages de Max Ernst, pertenecientes a esta segunda categoría, fuerzan al pasado a dramatizar sus objetos. Sus composiciones desencadenan de manera visual-narrativa una agitación no calculada, un vinculo efectivo con lo que hay destrás del espejo.


Max Ernst

El arte moviliza, pero la transfiguración de ese costumbrismo decimonónico que parece asomar en algunas de estas obras va más allá de cualquier ensayo revolucionario. Si las vanguardias habían apostado por el reemplazo de un arte imitativo que tan sólo referenciaba el paisaje o la habitación con sus cuatro aristas (lo real), en Ernst su estado vanguardista considera otra posibilidad: Une Semaine de Bonté descorre las cortinas, mira en el interior del tocador, se detiene en el salón imperial. Lo trastoca. Sus transposiciones animales vienen a cumplir la amenaza del deseo volcado (oculto) tras las instituciones edificadas sobre el imperativo moral.

miércoles 11 de marzo de 2009

animalarios (I)


Tez Humphreys | Max-o-Matic

Recogidos de uno en uno o por acumulación, da igual, los materiales que se van yuxtaponiendo al modo de un collage nos informan de que el mundo es una construcción percibida a veces desde la óptica del solipsismo, o sea, con la individualidad radical de un ramalazo o impostura creadora. El collage es una grieta en el tiempo. Eso ya lo hemos dicho en alguna otra ocasión, y quizá merecería la pena darle otra expresión a esa frase, añadiendo que también es la forma híbrida por la que el ojo se contrapone a las cosas del mundo. Las tijeras hacen el resto. Esto es aplicable igualmente a esa parte contemporánea del arte que hace diluir en un misma superficie pintura, diseño, collage o publicidad, a veces para abastecer las bases de un postmodernismo que parece profanar la tradición pictórica. Esa profanación actúa casi siempre desde la función que asume el artista como recolector de imágenes o deshechos, ya sea a partir de un cuadro, en las revistas, carteles publicitarios o fotografías de una época ya antigua.

Pero cambiar la cabeza a una dama de mediados de los años 50 puede significar que el collage es una fabulación (si se quiere trastocada hacia lo contemporáneo) de un deseo antropomórfico que acerca al ser humano y al animal. Esto se ve aún mejor en Blacksad, la trilogía gráfica de Juanjo Guarnido y Juan Díaz Canales, un comic que bajo los estereotipos narrativos del género policiaco y la serie negra introduce una mutabilidad animal en los personajes simétrica a sus cualidades morales. Hablamos de una fisiología inmersa en el estereotipo, el modo en que el hombre se percibe a sí mismo a través de la representación psicológica que hace de la fauna.


Guarnido y Canales, Blacksad

Los personajes, mitad humanos mitad animales, vendrían a representar el código permeable de lo bueno y lo malo, hasta el punto de que la asociación vertida en el dibujo entre las diferentes conductas sociopsicológicas del hombre vinculadas cada una a un animal concreto, pone al lector en una posición aún más cómoda. No hace falta interpretar nada. Todo está en el gesto, en la misma facción del animal que el dibujante ha elegido para cada personaje. Un antecedente de esta retícula la hayamos en Daniel Torres, en sus novelas gráficas de principios de los años 80 (Tritón, Claudio Cuenco, Opium, etc). En este caso, Daniel Torres sólo acude al personaje-con-cabeza-animal para acentuar un pedazo de la acción, a excepción de las historias protagonizadas por Claudio Cuenco, personaje misterioso y cínico que el dibujante valenciano imaginó con facciones puntiagudas y pico de pelícano.

Blacksad lleva la psicología humana a la forma animal en otro paso utilitarista del estereotipo, lo cual no quiere decir que el recurso no funcione. Lo eleva y lo coloca en la trama narrativa para explicar detalles que el guión no contiene. No obstante, eso me hace ver que en el repaso de lo gráfico se ve que el collage acude a esta mezcolanza de lo humano y lo animal aunque sea para contemplar un lado lúdico, intrascendente, meramente publicitario.


Sarah Ogren | Eduardo Recife | MissMelenius | Carmelo Hernando

La ironía también es un punto de partida que en el collage adquiere una prestancia visual. El hombre trajeado bajo la apariencia de un reptil se presta voluntariamente a un estatus psicológico distinto. Esto lo entendió perfectamente Walt Disney por otros medios, es decir, atribuyendo cualidades humanas a los animales, dándoles voz, personalidad y gestos reconocibles. En los cuentos el animal es una figura cognitiva, cuestión que en el collage se muestra totalmente irrelevante al mostrar en la mayoría de los casos ejemplos aleatorios de caracterización. La ironía presta sentido a la figura-pegada, pero diluye el motivo psicológico.

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Adjunto aquí, por tanto, algunos collages que vislumbran cierta atracción hacia ambos reinos unidos por el pegamento. En esta reunión casual, sin embargo, hay más de un intersticio que merece ser contemplado bajo otro prisma. El collage, más aún si participa de la antigua creencia de la tijera y la cola, requiere dedicación, lo cual podríamos traducir por un amor observatorio sobre el mundo, la carretera, las ciudades o aquellos rincones desprotegidos de cornisas. El Sr García, siempre acertado en la elección de sus archivos visuales, ofrece humor y delicadeza, esa esponja de surrealidad que a cualquier hora del día podría imprimirse en la salita de estar del ciudadano medio. Sus composiciones nos devuelven a cierto candor, pero el zoológico que él aplica es aún más descriptivo: si un día llegas a casa y te encuentras a tu madre tomando el té con la vecina no te asustes si no reconoces su cabellera, todo depende de la conversación.


Sr García

Porque en el collage no se trata de sumar indiscriminadamente trozos más o menos efectivos. Su valor radica en la capacidad para expresar un universo de sentido resuelto en el estilo. El Sr García es un ejemplo de ello: fina ironía para el compendio. Max-o-Matic resuelve sus obras por otro lado, a partir de mensajes que sólo en apariencia adquieren forma publicitaria: falsa publicidad y diseño en los márgenes del diseño. Ejemplo también de una mixturización de lo gráfico: el diseño, aún con todas las vertientes avisadas en las dos últimas décadas, parece adentrarse en los terrenos del arte y la pintura. Carmelo Hernando, un histórico del diseño en España con aportaciones más que influyentes en el mundo editorial, el fotomontaje o la ilustración, pasea cabezas repletas de significación social, hecho que ya había mostrado en algunos fotomontajes herederos de la inmensa obra de Josep Renau, con atención debida a su serie The American Way of Life, una crítica cultural de los modos de vida modernos auspiciados por el consumo-pop y todas la vaguadas de la pantalla del televisor.

 
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