200 días en Sing-Sing, Nº 1 marzo 2008

Versión en PDF de Así se fundó Carnaby Street

Fanzines

lunes 19 de mayo de 2008

loba, te conozco


Fotografía: Alex Prager

A Mery

Loba en gracia que amamantas
la interrogación,
exige el precio, roza
en tu pupila
el vendaje extranjero.
Déjate morder la incertidumbre en nuestras noches.

Verás mi ingreso,
y en la insurrección
que habrá de ocupar tu pecho
álzate en cada frase.
Sabrás de esta planicie
por su idioma.
Llévalo.

Nuestra costumbre es recibir la mano como una contienda.
Nuestra ley desmiente a la memoria.
Nuestro lugar se apodera de este asombro, su penumbra.

Loba, denúdate sin cautelas.
Si es que ha de durar
la saliva la furia el estrépito,
congéniate con esta avalancha de palabras.
Di que querías ser caballo de mar
o criminal entre mis abrazos,
di labio astro o siglos venideros.

Y si ahora el sol es tu apetito,
dime, amor, amor, qué siglo te sostiene
y se acumula en esta huella esbelta
como esbeltos se derraman los planetas en mi espalda,
este incendio que aún desconocemos
y nos explica,
sin más premoniciones
que la historia de la última caricia.

Nuestro sitio.

viernes 2 de mayo de 2008

Dublin-up XII


Fotografía: Javier Reguera | Parnell Square. Dublin. Irlanda

Pero Dublín. El componente religioso (católico) impregna la ciudad como un andamio que debiera sostener la calle, los edificios, el pavimento. Esto es así a medias, pues todo cambio social exige una rectificación de la mentalidad. Esa rectificación se observa de modo más claro en aquellas generaciones que no han vivido el ruralismo y la cultura de la patata, o sea, esa forma agrícola que aun no había centralizado una manufactura para la explotación de sus productos, una cultura de subsistencia. Si exageramos los términos para decir que en cada calle de Dublin hay un pub y una iglesia, lo que separa unas generaciones de otras es la propia vivencia del elemento religioso aun cuando las más jóvenes siguen educándose en colegios católicos, mientras que aquello que las unifica bien pudiera ser una pinta de Guiness. Hay un momento, ya sobrepasado el nuevo milenio, en que la Heineken le gana la partida a la Guinness. Es decir, que el proceso de cambio económico había alcanzado su tope, y más bien iba a producirse, si no un retroceso, al menos un estancamiento en el que la mejor postura para mantenerse en ese entramado sería no moverse de sitio. Alcanzado ese nivel de vida propicio que, por otra parte, se hace aún más visible en la esfera del ocio, nadie quiere renunciar a él. Mientras los restaurantes, pubs y centros comerciales siguen llenándose, las iglesias, que tradicionalmente habían sido el emblema de esa cultura tradicional, se vacían si exceptuamos en aquellas partes de la población que todavía recuerdan que la patata fue un referente de la estructura social. Ese cambio de mentalidad tiene que ver con el hecho de que el catolicismo apenas ha intervenido en el proceso de cambio que Irlanda ha manejado en los últimos quince o veinte años. Las generaciones que empezaron a desarrollarse laboralmente (y aquellas otras que crecieron) con el Celtic Tiger (el boom económico) lo saben. Su modelo de reafirmación social tiene más que ver con el consumo que con el rezo.

jueves 1 de mayo de 2008

irlanda está tan lejos como tú (dublin-up XI)

A veces uno demora las despedidas, las avisa sin aun irse del todo, se asoma. Elude las distancias. A Irlanda regresé tantas veces que en cada ocasión la gente ya era otra. Incluso las casas donde viví, los lugares que conocí, los pubs, el ajetreo de las calles, los amores furtivos, todo tendría otra prestancia. Pero en cada estancia volví a recorrer la ciudad de nuevo, como la primera vez, a solas, con una cámara y la sensación de que iba a descubrir algo inédito al siguiente paso. Lo hice. Me gusta Dublín. Conocí a la gente de los barrios, me invitaron a sus casas, pasé días enteros visitando el mismo lugar, como si la única posibilidad de aproximarse a la vida fuera regresando una y otra vez. Permanecer es casi un acto de supervivencia, pero regresar invita al descubrimiento. Aunque ahora Irlanda esté tan lejos como tú.

Añadido > En cierto modo, Dublin-up podría entenderse como un proyecto fracasado. Surge, desde su inicio, con la conjura que uno establece con la ciudad, o sea, sabiendo que al precipitarse entre sus vericuetos uno sólo va a ser capaz de rascar una pequeña parte de la superficie. Si me interesan las ciudades, más allá de lo que muestran sus museos, es porque una ciudad es siempre una polifonía de voces confrontadas. Y quizás fue esa también la sensación sustentada por Eugene Smith cuando comenzó su proyecto sobre la ciudad de Pittsburgh, un trabajo que en principio iba a ocuparle unas pocas semanas y se convirtó en un monumento fotográfico que le llevó varios años, incluso su salud. Smith, que ha sido un modelo estético y moral para la evolución del ensayo fotográfico, nunca se conformó con la descripción que proporciona la historia oficial, aquella parte del relato redactada al dictado de las grandes avenidas y los acontecimientos relevantes para el orden político.

Una ciudad está repleta de pequeños relatos, apenas perceptibles, pero éstos también construyen ese pedazo en que la urbe se vuelve humana a los ojos del transeúnte. Quizá por eso también reivindico al transeúnte como viajero de un espacio interior, donde el itinerario no consiste en desplazarse a lugares remotos o distancias unicamente asequibles en los mapas, sino en habitar una esquina y todo lo que hay en ella. Yo viajé mucho por el interior de Dublin, como quien va a explorar el Polo Norte. Y aunque nunca dejé una bandera, hay en ese transcurrir algo importante. No sé. Algo.


Ballymun antes de la regeneración urbanística. En la periferia. Un barrio durante años azotado por el desempleo y la droga. A veces iba a Ballymun tan sólo a pasear, a columpiarme en los parques y conocer a gente del barrio. En el canal. Verano. Los niños del Liffey se adentran en sus aguas, se lanzan desde lo alto. Viven la ciudad de otra manera. Me encantaba acompañarlos, saber lo que pensaban. Incluso una tarde cazando cangrejos, en el río.
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Donde la ciudad termina, un día me invitaron a comer junto a unos establos. Me enseñaron a cepillar a los caballos, dar de comer a las gallinas. Ese día me revolqué en el prado. Pero Dublín tiene otras aristas. Con las primeras oleadas de inmigrantes, el racismo. Durante un tiempo seguí las manifestaciones que se hacían por la integración de las minorías étnicas.
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Días con los travellers, en una caravana. Después de comer. Un día volví y ya se habían marchado. Boda. En Ballybough. Más de una hora esperando a la novia, para verla salir.

Fotografias: Javier Reguera. Otras fotografías de la misma serie, Dublin-up, pueden verse en el sidebar.

sábado 26 de abril de 2008

lo que otros han dicho


Pagina interior de 200 dias en Sing-Sing, nº1

Tras la salida del primer número de 200 días en Sing-Sing, hace ya unas cuantas semanas, es hora de pararse un momento a recapitular, y lo hacemos a través de algunos blogs que han dedicado un trozo de su espacio a comentar la revista. No se trata de hacer autobombo o detener la mirada en el ombligo. Es simplemente una dosis de vitaminas para encauzar lo que en breve será la segunda entrega de la revista, la cual está prevista para finales de mayo. En esta ocasión, la organización del número está resultando más lenta o meditada, según se mire, quizás porque el propósito es intentar superarnos, mejorar algunos aspectos del diseño y crear una revista que, además de leerse como tal, pueda verse como un formato con una voz propia. Y no nos detenemos ahí, en sucesivas entregas se irán incorporando novedades. Nuestro objetivo es, en la medidad de lo posible, hacer de 200 días en Sing-Sing un soporte cultural estable, con todo lo que eso implica. Del mismo modo, ante la salida de la revista otros muchos han dejado sus comentarios en este mismo blog o en otros. A todos gracias, al igual que a aquellos que se han interesado (más de 1500 descargas).

En ese peregrinar en el cual nos abandonamos de cuando en cuando, lamentablemente el tiempo hace que perdamos esta rutina, nos quedamos con el primer número de una revista imprescindible. De nombre 200 días en Sing-Sing y dirigida por Javier Reguera y con esta impresionante portada de Joseba Elorza nos abre una puerta al arte, la música, el diseño, cómic, entrevistas… Para perderse y encontrar ese paréntesis de tiempo necesario para detenerse leyendo los distintos reportajes que forman este primer número.
Via | NTS!

Coexisten en su estilo, lenguajes gráficos como el collage, el fotomontaje y citas al surrealismo y el pop-art. 200 días... no obstante, está muy lejos de ser un catálogo de recursos visuales y de efectos sin contenido, todo lo contrario: una diagramación equilibrada, con imágenes bien elegidas, y operaciones sencillas de puesta en página hablan de una línea editorial que pone especial énfasis en el texto verbal, por cierto de alta calidad.
Via | El burlador

En las 122 páginas de este primer número pueden encontrar, entre otras muchas cosas, a Tiger Lillies, Bob Dylan, El Hortelano, Héctor Fouce, Ouka Lele y lo que a un chico de la movida como yo le ha hecho más ilusión: una entrevista con Tesa, de los Zombies. Todo con un diseño impecable.
Via | Días del futuro pasado

Hacía tiempo que no escuchaba el nombre de Sing-Sing, una de esas prisiones con solera de los Estados Unidos. No le falta de nada: ni su silla eléctrica, ni su motín con rehenes, ni su canción dedicada. Sin duda, es una referencia en la cultura pop. Hace unas semanas, en el blog de Javier Reguera, Así se fundó Carnaby Street, me encontré con una propuesta irresistible: pasar 200 días en Sing-Sing. Bajo la dirección del propio Javier, es una de las iniciativas editoriales más interesantes que ha caído en mis manos. Con un diseño exquisito pero sin renunciar al contenido, 200 días en Sing-Sing es un nuevo soporte cultural gratuito que demuestra que se pueden elaborar proyectos de calidad y profesionales al margen de la industria de los medios de masas y sus complejos mecanismos de difusión. Pura democracia al servicio de la cultura, con cierta herencia del espíritu del fanzine y de las publicaciones alternativas. En su primer número, que se remonta ya al mes de marzo, Javier y su equipo recuperan el hilo conductor que los seguidores de Así se fundo Carnaby Street ya conocen bien: la cultura pop, la revolución punk, el diseño de vanguardia, la movida madrileña, el comic underground… Es una revista extensa, para la leer con calma. En sus 122 páginas, descubrimos desde a la fascinante ciber pin-up y diseñadora Marta Kalho, autora del imprescindible weblog Dadanoias, hasta los excéntricos Tiger Lillies. 200 días en Sing-Sing homenajea el trabajo de artistas tan reconocidos de la denominada movida madrileña como El Hortelano o Ouka Leele, recuerda la canción Like a Rolling Stone, de Dylan, o derrama el glamur pop con el que Marta Corcho viste a las estrellas más deslumbrantes del viejo Hollywood. Pero si tengo que elegir, me quedo con la entrevista a Tesa, la cantante de Los Zombies, recordados por su famosa Groelandia. En pocos días ya estará en la segunda entrega de esta aventura que esperemos tenga una larga continuidad. Yo, de momento, me dejo llevar preso a Sin-Sing.
Via | La caja de los hilos, escrito por Tomás Lobo.

Javier, que ya me hizo una entrevista para su blog “Así se fundó Carnaby Street“, me pidió hace unas semanas que me encargase de la portada del primer número de la revista digital que pensaba poner en marcha a principios del mes de marzo: “200 días en sing-sing“. Accedí sin pensármelo dos veces; es un placer colaborar con gente que mima tanto aquello en lo que trabaja.
Via | Joseba Elorza-MiraRuido

Acaba de salir hace poco el primer número de 200 días en Sing-Sing, revista cultural en PDF. Es un proyecto coordinado por Javier Reguera, con contenidos muy interesantes y con un diseño estupendo.
Via | Pildoras Crumelus

Cuando sobran ganas de crear y compartir, todo son posibilidades. 200 días en Sing-Sing (pdf) nace gracias al esfuerzo de Javier Reguera y de toda la gente que se ha ilusionado con su proyecto.
Via | Tiscar

Ya salió, por fin… Ese compendio maravilloso de curiosidades. 200 Días en Sing Sing… La fruta prohibida de nuestro edén malicioso llamado cultura. La prueba de que aún existen proyectos dignos de leerse y, si no me crees, pues descarga la revista, que es gratis. La portada estuvo a cargo de Joseba Elorza y ante un diseño tan espontaneo, como salido de un sueño, en vísperas remotas de un acontecimiento, solamente uno hace una reverencia. Y sigue la pasión, y el segundo número ya se está preparando. Gracias a Javier Reguera (Así se fundó Carnaby Street) por elocuentes locuras tan extraordinarias como esta.
Via | Portafolio blog

Uno de los proyectos editoriales más interesantes que hemos encontrado por internet. En cuanto a contenidos es prácticamente perfecta y en maquetación le damos un once. El proyecto de Javier Reguera es una de las propuestas más seductoras, inteligentes, democráticas y altruistas (¡es gratuita!) que hemos encontrado a lo largo y ancho de la red. No dejes que se te pase y descárgatela.
Via | Notodo.com

cintas


Dos cosas: 1) ¿Se acuerdan que hace años, pleistocenos aparte, existian las cintas para grabar? En esa época todo el mundo grababa de la radio o los tocadiscos, pero entonces no lo llamaban pirateo. El pirateo se ha convertido en el concepto fetiche de las multinacionales que han visto cómo su cuota de mercado ha ido desapareciendo con los nuevos soportes digitales y la democratización total de los programas para compartir archivos. Otra cuestión es la comercialización ilegal. 2) Para el segundo numero de 200 días en Sing-Sing, que saldrá en mayo, queremos añadir un portafolio con portadas especialmente dibujadas, ilustradas y diseñadas para ese soporte, diseños caseros para maketas de grupos musicales, cintas de música para consumo personal o cualquier otra carátula para la caja de esas cintas. Si quereis que vuestras portadas o cualquier otra pieza (maketas, artwork, etc) aparezcan en 200 días en Sing-Sing, podeis enviarlas a reguerajavier@hotmail.com o singsing2008@gmail.com

Y de paso, traigo a colación un artículo dedicado a la Casettemania que se publicó en la revista Rock Espezial, nº 11, 1982, escrito por Jaime Gonzalo.

martes 15 de abril de 2008

estricnina 1983


Hace un par de semanas un gran amigo, Lu, me pasó algunos fanzines y revistas de aquellos años 80, cuando la autoedición tenía más que ver con la expresión de un cambio social generalizado que con la propia factura editorial. No importaba tanto la impresión como la urgencia de mostrar los contenidos. El caso de Estricnina, fanzine editado en valencia, es paradigmático en cuanto que se convirtió en un modelo editorial que no tenía nada que envidiar a muchas revistas ya consolidadas, especialmente en lo relativo a sus índices. Bajo la dirección y coordinación de Rafa Cervera, auténtico promotor de historias musicales y editoriales, el fanzine fue adquiriendo una versatilidad que rondaba distintos estilos, todos ellos afines a la movida valenciana y madrileña, con un clara preferencia por aquellos estilos procedentes del afterpunk. Y con ello, su maquetación y germen visual, de una destreza que, a un tiempo que conectaba con la estilística del punk, había creado un tono propio.

Nota> Seguimos empeñados en crear un fondo de fanzines de los años 70 y 80. Aquellos que quieran añadir sus fanzines a este fondo, podeis poneros en contacto conmigo en las direcciones indicadas en el sidebar.

Estricnina, nº 2 febrero-marzo 1983 (Valencia)

lunes 7 de abril de 2008

dublin-up (X)





Fotografías: Javier Reguera

En los Cuadernos de Dublin hay unos cuantos descartes, muchos, fotografías que ninguna galería mínimamente ecuánime daría por válidas. Hoy parece que la fotografía, por mediación de lo digital, busca la perfección, la limpieza absoluta, el gran formato, la constante equilibración del color y sus elementos. Pero yo veía en esos descartes no tanto el requerimiento de decir Esta fotografía no sirve como que la imagen no precisa de un valor estético aclaratorio para narrar algo. A mí me importaban los detalles, pero éstos a veces no se referían al conjunto, sino a lo que está al fondo, en el suelo o aquello que ni siquiera aparece.

martes 1 de abril de 2008

lover, you should've come over



Playlist editado originalmente el 16 de septiembre, 2007




Elliot Smith > Between the bars
Jeff Buckley > Lover, You Should've Come Over
David Bowie > Conversation Piece
Tim Buckley > Make It Right
Janis Joplin > Little Girl Blue
Marianne Faithfull > File It Under Fun From The Past
Andrew Bird > Why
Emily Loizeau > L'autre bout du monde
Tom Waits > Cold Cold Ground
Elliot Smith > Angels

Bonus track
Blues Travelers > The Hook

Nota > La seccion Playlist (reproductor musical) no funciona con Internet Explorer (eso creo). Utilizar Firefox.

musica para ascensores


Lo sé, es difícil compatibilizar mi gusto por la rudeza del punk o la densidad del jazz, el be-bop y todas sus derivaciones enloquecidas por la improvisación, con los diales automáticos del hilo musical, esa vertiente de la música para hoteles, ascensores y otros salones para cocktail y festividad de clase media que se prodigó a partir de los años 50 para amenizar el ambiente, eso que Marc Auge ha llamado desde el posmodernismo de la antropología francesa los no-lugares, espacios transitorios, efímeros en cuanto a la dispusta que provocan por fijar relaciones duraderas y un anclaje con esa parte emocional de las relaciones sociales: las ligaduras entre el transeúnte y el espacio pueden derivar a formas bien diversas, pero en los ascensores nadie se dejaría el sombrero, al menos de manera consciente.

El hilo musical es más que la melodía que aún se recuerda como la versión de unos cuantos hits-parade neutralizados por la cáscara de los violines y los timbales a lo space-lounge. Todo éxito apreciado en su momento, ya fuera desde el beat, el vocerío de los crooners a lo Frank Sinatra o el pop de masas, tuvo su contrapartida en el hilo musical. En su neutralidad y planicie sonora, rellena el espacio como un preludio ambiental en el que el transeúnte de paso vuelve a sentir que en los lugares donde nadie establece su residencia (ni siquiera su presencia más allá de lo que cuesta cruzar el hall, por ejemplo) la distracción del oido es una manera de acomodarse a aquellos entornos más próximos al desencuentro que a la calidez del hogar.

Rellenar el espacio a base de melodías en aparencia intracendentes. O por decirlo con mayor exactitud, el hilo musical vacía la intensidad de cualquier canción para dejar apenas la superficie, un tono edulcorado que rebaja la pieza hasta la neutralidad sonora. Y apesar de ello, me presento como un defensor acérrimo del batiburrillo sonoro de Ray Coniff, James Last, Mantovani o el piano-bar, y en parte se lo debo a un single que me regaló mi madre y ella había conservado de otros años, un disco de 1958 en el que se presentaban cuatro standars (algunos procedentes de bandas sonoras) versioneados para cocktail, éste del que ahora veis la portada. Pero en esto hay diferencias. Si en la música de cocktail o piano-bar anida la voluntad de amenizar las relaciones que van sucediéndose en la barra de un bar o alrededor de una mesa, con un martini seco o un whisky con hielo, soda, a palo seco, acompañando la conversación o el flirteo, un instante de soledad o seducción, el hilo musical quiere aportar nuevos relieves a un espacio que en principio se nos muestra impersonal. En ambas modalidades no es tan importante la melodía como que ésta arrastre nuestro oido hacia el comfort, esa máxima que habría tenido a partir de los años 50 una consecución en la sociedad de consumo, o sea, la manifestación del ideal de que todos, cualquiera, familias e individuos, pudieran convertirse en beneficiarios de los modos de vida de la clase media. Eso en la sociedad norteamericana, porque en España la clase media no llegaría a reconocerse como tal hasta mediados de los años 60. Una guerra civil y la consecución del nacionalcatoliscismo, por no hablar de toda una posguerra que había impregnado la conciencia de la población bajo el imperativo de la cartilla de racionamiento, el extraperlo y el mendrugo, retardó una estructura de clases equiparable a la europa o norteamericana. Yo, que soy de otra generación, creo que la clase media se hace asequible al ciudadano con el bocadillo de nozilla. Pero esa es otra historia.

 
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