lunes, 10 de enero de 2011

lara costafreda y otras disquisiciones sobre moda


Diseños de Lara Costafreda fotografiados por Eudes de Santana

Irritar. Irritar a la moda. Irritar a la moda con ficciones. Irritar a la moda con ficciones que, en la vida real, tendrían una salida de pasarela. La irritación, como concepto sociológico, está desprestigiada. Al pensar la moda se suele obviar la reflexión que concierne a los límites de lo llevable. Lo impracticable, al igual que su contrario, es una construccion social que ha sido encriptada por el propio sistema de la moda y su economía. En cierto sentido, ese sistema se ciñe a patrones conservadores, mientras que los hechos vanguardistas, en la moda, quedarían circunscritos a la manera en que ésta se convierte en espectáculo o busca su correspondencia en el entorno subcultural de las tendencias, las cuales funcionan en el enclave urbano y callejero en la medida en que se adoctrinan conceptualmente a la voracidad minoritaria de lo emergente o a la figura del fashionista. Más aún, en espectacularización de la vestimenta en el escenario de un evento exclusivo. David Delfín es un ejemplo de la espectacularización de la moda por la vía de la polémica, pero infringe su propio ideal en la colección, en la tienda. Esa es la paradoja impuesta por el sistema de la moda: la vanguardia es pensable y patronada para luego, inconscientemente, ser relegada por las mismas fuerzas institucionales y económicas que la han creado.

Irritar a la moda querría decir llevar la vanguardia a las avenidas, a la calle, hecho que podría verse cumplido, sólo en parte, ante la irrupción de Lady Gaga en el mundo de la vida social. En parte porque la cantante, en un acto de marketing-mix y creatividad integral, traslada el atrezzo y sus complementos a un instante fotografiable más allá del escenario musical, pero decepciona en cuanto que su figura ya responde a los signos de un avatar digital voluble, líquido en cuanto que se modifica en cada aparición. Su presencia es siempre estelar, o, por decirlo con otras palabras, en sus apariciones la calle ha sido borrada. No existe más que una pasarela perpetua. No existe más que una pasarela perpetua que habría venido a sustituir, en apenas unos meses, al pasillo subcultural y underground en el que se había movido la cantante antes de su ascesión al olimpo del star-system trendy.



Diseños de Lara Costafreda fotografiados por Eudes de Santana

Las fuerzas productivas de la vanguardia han perdido, por lo general, su entereza para afrontar la conquista global del espacio publico, hecho que podría atribuirse al conservadurismo del transeunte medio como reacción reflejada del propio método con que el sistema institucional de la moda comercializa sus productos. Eso no significa que no exista vanguardia, pero su diseminación callejera apenas obtiene rendimiento y es mecanizada en otro sistema de producción paralelo: las tendencias como un sistema alternativo fuera-de-sí, distanciado de la obviedad. La normalidad gobierna el sistema social. La industria de la moda (pasarelas, diseñadores, marcas, fabricantes) se rige, al final del proceso, por el mismo estado de normalidad aunque acuda a la vanguardia para legitimar la aureola que la desmarca del conservadurismo que ella misma difunde en los escaparates.

La vanguardia existe como pieza de arte, pero pierde la rueda que la podría capacitar para la agitación social y la crítica cultural desde el mismo pavimento de las aceras. En los estamentos del arte la vanguardia reacciona, se hace valiente, rebasa los límites. Lara Costafreda hace patente, en sus diseños, cierto grado de vanguardia: reutiliza signos vanguardistas aplicados por algunos diseñadores de los años 60 (Cardin, Courreges) ante la ambivalencia del delirio-pop de la época y la ensoñación retro-futurista. Ya no importa tanto lo practicable como la manera en que el diseño se debate en el sistema de la moda. He ahí que podríamos comparar a Lara Costafreda con Rudi Gernreich, no por sus similitudes estéticas sino porque en ambos casos se opera desde un hendidura cultural: la moda no se lleva, se piensa. Introducimos el concepto de metamoda para referirnos a esa reflexión provocada desde la propia estructura industrial, cultural, sociológica y económica de la moda, una reflexión que se debate ante otras estrategias conceptuales, alejadas de la excusa comercial. Costafreda se enfrenta a ese dilema de una manera mímima pero suficiente. No hace alarde de su pensamiento, pero acude. Una parte de su obra (no toda) intenta inmiscuirse en el derrotero conceptual para cerciorar que en el traje hay un sistema de pensamiento. La vanguardia es imposible, existe como práctica pero cuando llega a los escaparates se convierte en otra cosa, industria, prenda, utensilio, mercancía, símblo de status, requerimiento.



Ilustración y diseños de Lara Costafreda fotografiados por Eudes de Santana

 
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